[Sitges 2016] Día 1: Entre Sang-hos, periodistas y Vigalondos

En 'Colossal', Vigalondo enhebra su película más emocional y, a la vez, la de planteamiento más delirante, complementándose ambas facetas perfectamente.
[Sitges 2016] Día 1: Entre Sang-hos, periodistas y Vigalondos
[Sitges 2016] Día 1: Entre Sang-hos, periodistas y Vigalondos

Comienza Sitges de manera inevitablemente propia del festival: con cine coreano, un documental inclasificable y lo nuevo de uno de nuestros cultivadores de cine fantástico más personales y polémicos, Nacho Vigalondo.

Train to Busan

Es esta una decisión ciertamente extraña la de Yeon Sang-ho para debutar en el cine de imagen real después de dos películas de animación tan libres, personales y adultas como las multipremiadas The King of Pigs y The Fake. Train to Busan es una aportación a un género altamente codificado y poco proclive a las sorpresas como es el cine de infectados.

Sin embargo, con esta historia de un mal padre consumido por el exceso de trabajo y su hija pequeña con la que apenas se relaciona, y que viajan en tren desde Seúl a Busan para ver a la ex-mujer de uno y madre de otra, el director consigue introducir suficientes detalles de interés como para que el resultado sea refrescante. Para empezar, los infectados son más salvajes y veloces que nunca, resucitan entre espasmos y piensan como una especie de mente colmena de implicaciones muy interesantes. Para seguir, la planificación de Yeon Sang-ho sí delata sus orígenes plásticos, y compone los planos como si viñetas de un manga de horror se tratasen. Cargando las tintas en el comentario social y el análisis del comportamiento humano en situaciones extremas, quizás se le vaya un poco la mano con la sensiblería en el tramo final, pero los descubrimientos visuales del conjunto compensan los altibajos.

Tickled

Un documental que, sobre la mesa, parece un falso documental, de puro inverosímil y disparatado. Pero no, todo es verídico: David Farrier y Dylan Reeve son dos periodistas neozelandeses especializados en personajes singulares y curiosidades de Internet que tropiezan con un fenómeno que llama su atención. Descubren una peculiar red de competiciones de resistencia a las cosquillas que, a pesar de su inocencia superficial, palpitan con un nosequé morboso que les hace comenzar a tirar del hilo. Lo que van descubriendo es no del todo sorprendente, no del todo previsible, pero sin duda mantiene el interés del atónito espectador, que ve desfilar a distintas personas relacionadas con la red (desde asesores económicos de los responsables a participantes en las competiciones) que van quitando capas a una realidad extrañísima, de raíz lynchniana.

Tickled también hace un buen trabajo reflexionando acerca del acoso en Internet y el aterrador empleo de sus herramientas para el abuso psicológico. La facilidad para el anonimato y la suplantación de identidad, la sencillez con la que se pueden cometer espectaculares delitos informáticos... todo ello rodeando a una actividad aparentemente inocua y que, por eso mismo, helará más de una sonrisa.

Colossal

Colossal

La nueva película de Nacho Vigalondo no es, pese a lo que se ha dicho tras su merecido premio a la Mejor Película en Austin, un giro de ciento ochenta grados con respecto a su anterior obra. Vigalondo sigue usando (de forma mucho más sofisticada, eso sí) la misma herramienta que tan buenos resultados le dio en sus otras películas: la descripción de una crisis personal -a menudo de pareja- apoyándose en un tropo del fantástico (de los viajes en el tiempo a las invasiones extraterrestres) que le funciona a la vez como muleta y como recurso expresivo.

Lo que sí es verdad es que nunca había hilado tan fino como en Colossal: una serie de procesos de las relaciones sentimentales y, en menor medida, profesionales y de búsqueda de la propia identidad encuentran su eco nada menos que en unos cuantos monstruos gigantes que dan tumbos por Seúl. Lo asombroso es que Vigalondo enhebra su película más emocional y, a la vez, la de planteamiento más delirante, complementándose ambas facetas perfectamente. Posiblemente buena parte de la culpa la tenga la convincente interpretación de Anne Hathaway y en menor medida la algo menos equilibrada de Jason Sudeikis, pero de lo que no cabe duda es de la brillantez del resultado: Vigalondo se permite hasta reflexionar sobre los resortes narrativos del kaiju eiga con la excusa de un ataque de cuernos.

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