Entrevista a Saoirse Ronan, la heroína de 'Hanna'

Con su carita de ángel manipuló a Keira Knightley en 'Expiación' y cautivó a Peter Jackson en 'The Lovely Bones'. Ahora, igual de cándida, vuelve a trabajar con el director Joe Wright convertida en una fría asesina en 'Hanna'. Por IRENE CRESPO
Entrevista a Saoirse Ronan, la heroína de 'Hanna'
Entrevista a Saoirse Ronan, la heroína de 'Hanna'

La cita es en el Soho Hotel de Londres. Menos de 12 horas después de verla matar a un reno sin pestañear y lanzarle un gancho, sin dudar, a Eric Bana, dos veces más grande que ella, en Hanna, Saoirse Ronan (Nueva York, 1994) se presenta en la suite con su carita de no haber roto un plato. Menos rubia que en la película (donde la tiñeron de platino hasta las pestañas), llega acompañada por sus padres, Paul y Monica, que viajan con ella, suponemos, hasta su mayoría de edad. Viéndoles a los tres juntos parecen la típica familia de guiris que te puedes encontrar en la Costa del Sol (donde de hecho han veraneado, reconoce Saoirse más tarde). Son una familia normal que aún vive en County Carlow, en Irlanda, y sólo se mueve de allí por el trabajo, menos normal, de su única hija. Últimamente vienen y van de Nueva York, ciudad donde Saoirse vivió hasta los tres años, y donde rueda Violet & Daisy, otra película de niña asesina que protagoniza junto a Alexis Bledel (Las chicas Gilmore). Éste es el tipo de películas que quiere hacer. Papeles que ha elegido ella, como el de Hanna. “Es importante avanzar. Hay muchos actores jóvenes que se quedan estancados en un tipo de personajes, en una edad”, dice. “A mí me gusta que me traten como a una actriz, no como una niña actriz. Yo he tenido suerte, he hecho papeles de adolescente, pero eran maduros”.

Hanna, desde luego, lo es. Aunque con matices, ya que se trata de una niña criada sólo por su padre (Eric Bana) en el bosque, en el Polo Norte, sin contacto con gente de su edad, ni televisión, ni cine... Así que cuando se presenta en el mundo real (para matar a Marissa –Cate Blanchett–), todo le fascina, le impresiona. Mantiene la inocencia y la pureza de haber crecido lejos de la sociedad. “Es un poco freak. Pero me gustan los personajes así”, reconoce. “Quiero papeles que supongan un desafío para mí y Hanna lo era”.

Hanna también era la oportunidad de volver a trabajar con Joe Wright, con quien en 2007 se dio a conocer por aquella niña repipi y envidiosa que provocaba el caos en Expiación. Tenía 13 años cuando interpretó a Briony Tallis y se convirtió en la séptima actriz más joven en ser nominada al Oscar como mejor actriz de reparto. Hasta aquel momento histórico, sin contar cuando fue acunada por Brad Pitt en La sombra del diablo, sólo había hecho un par de papeles menores en dos series irlandesas The Clinic (el primero, con sólo ocho años) y Proof (2005) y se había estrenado en el cine, como la hija cantante de Michelle Pfeiffer en El novio de mi madre (2007). “Creo que decidí ser actriz cuando hice Expiación. Había tan buenos actores, era un personaje brillante”, recuerda. “Después de hacerlo encontré mi pasión. No fue ni siquiera ‘esto es lo que quiero hacer’, pero no podría no volver a actuar”.

Determinada, y motivada por su padre también actor (fue él quien la llevó al set de La sombra del diablo), empezó a estudiar desde casa y en los rodajes (“Intento dedicarle tres horas al día”) y, sobre todo, a ser proactiva. Después de dos pelis menores, la fantasiosa City of Ember, con Bill Murray, y El último gran mago, el biopic de Houdini, con Catherine Zeta-Jones, Saoirse Ronan se enteró del siguiente proyecto de Peter Jackson, The Lovely Bones. Sin haber sido convocada al cásting, ni haberse leído el libro de Alice Sebold, Ronan decidió mandarle dos vídeos al director neozelandés, “uno más alegre y otro más emotivo”. Jackson los vio y le dio el papel de Susie Salmon, la niña setentera asesinada y atrapada en su propio cielo. Papel por el que se llevó prácticamente las únicas buenas críticas de la película y saltó directa a la post-Segunda Guerra Mundial, como compañera de huida de Colin Farrell y Ed Harris en Camino a la libertad, de Peter Weir. “Trabajar con Weir fue un sueño”, recuerda. “Y fue genial tener a alguien irlandés en el set”, refiriéndose a Colin Farrell. Lo más complicado de aquel rodaje, dice, fueron las localizaciones: trabajar en India, Marruecos y Bulgaria. Pero lo que entonces no sabía es que eso le ayudaría para su siguiente película, Hanna, rodada entre Finlandia, el desierto de Marruecos y Alemania.

Ronan fue la primera en entrar en Hanna. Y ella misma fue quien aconsejó que Joe Wright la dirigiera. “Cuando supe que Ronan estaba en la película, me sentí seguro”, ha confesado él. Los dos tenían ganas de volver a trabajar juntos en algo completamente distinto a Expiación. Y Hanna no puede estar más alejado. Mitad cuento mitad película de acción, Saoirse Ronan tuvo que entrenar durante dos meses antes del rodaje con el equipo de Bourne (Jeff Imada), aprendió multitud de artes marciales y le diseñaron un tipo de lucha más parecido al baile… aunque luego dé tortas como panes. “Un par de veces hice daño a Bana. Puedo decir que he pateado el culo a Hulk”, dice entre risas. En la pantalla tampoco se achica ante un vis à vis con Blanchett. “Saoirse puede hacer lo que quiera, va a ser una Meryl Streep”, ha dicho Wright alguna vez. Y lo mejor es que ella lo sabe. Su seguridad estudiada la delata. Es verdad, no es una niña actriz más.

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