[Crónica Sitges 2011] No te metas con las chicas

‘Melancolía’, ‘The Woman’ y ‘Emergo’. El terror tiene rostro de mujer. Por ANDREA G. BERMEJO.
[Crónica Sitges 2011] No te metas con las chicas
[Crónica Sitges 2011] No te metas con las chicas

¿Qué podía significar aquello? Como si el hecho de acudir a un festival de terror no fuese algo suficientemente inquietante, me encontraba en el vuelo IB6432 destino Barcelona sentada al lado de Luis Cobos. ¿Qué clase de festival es Sitges que te manda presagios como ése? Mientras Cobos –que, dicho sea de paso, mantiene el pelazo– estudiaba unas partituras encuadernadas con gusanillo, yo era totalmente incapaz de concentrarme –tenía que preparar la entrevista con Miguel Ángel Silvestre y Eduardo Chapero Jackson, que presentaban Verbo en el festival–, sólo podía hacer una cosa: mirar los ortopédicos zapatos con alzas de Luis Cobos golpeando sobre la moqueta del avión sus adagios y sus cosas. La imagen, lejos de abandonarme en la recogida de maletas, me acompañó hasta la estación de Sants donde dejé marchar un par de trenes Cercanías mirando al vacío. A consecuencia de lo cual llegué a Sitges más tarde de lo esperado y sin tiempo para hacer el check-in en el hotel, sino más bien para entrar por primera vez en el Auditori, centro neurálgico del festival, a oscuras, con la maleta en una mano y el ordenador en la otra, y el fin del mundo by Lars von Trier proyectándose en la pantalla.

No consigo entender por qué se ha hablado tanto de Kirsten Dunst y tan poco de Charlotte Gainsbourg durante la promoción de Melancolía, pues el último filme de “el mejor director del mundo” es una historia compartida por las dos –ambas igual de fantásticas– que incluso está separada en dos partes tituladas como los personajes a los que interpretan y que no funcionarían la una sin la otra. De hecho, si la primera es un lúcido ensayo de la depresión, la segunda lo es de la ansiedad. Y es ahí –Lars sabe de lo que habla– donde Melancolía interesa sin necesidad de mutilar genitales, trascendiendo el fin del mundo con las habituales marcas de la casa von Trier –música clásica a todo trapo, ralentís y maneras de Bill Viola–. Por cierto, que a la salida del pase me he pegado a un grupete en el que se discutía si era mejor El árbol de la vida o Melancolía, y hubiese ganado esta última por mayoría si no fuese porque a uno de ellos –todos ataviados con el uniforme oficial de Sitges: camiseta negra– le ha dado por contestar, así, sin ton ni son, que ninguna de las dos, que X-Men. Imagino que la respuesta se debía a que Bryan Singer, que recoge el premio honorífico, ya anda por aquí. Servidora lo entrevista mañana.

Tras un encuentro con Julián Villagrán –que mañana presenta Extraterrestre– en el ascensor del hotel y una errada apuesta por la ciencia-ficción amorosa de la Sección Oficial, la cansina y disparatada –en el mal sentido– Bellflower, he podido comprobar que la cosa hoy en Sitges iba de chicas malas. Si el personaje de Kirsten Dunst en Melancolía da yuyu, de los personajes femeninos de The Woman, del muy querido en Sitges Lucky Mckee, no sé qué pensar. El Auditori se ha llenado de fans incondicionales del director de May, que antes de proyectar la película ha subido al escenario a saludar y a decir que el filme lo había hecho pensando en el público de Sitges. Un inciso aquí para los que –como yo– no supiesen hasta ahora qué es exactamente eso del público de Sitges. Dícese de los camisetas negras, ávidos de sangrientos reventones de cráneo y que sufren una extraña enfermedad que he bautizado con el nombre de aplauditis. Aplauden por todo, cuanto más casquería haya más aplauden, pero también se animan a las palmas cada vez que se proyecta la cabecera del festival antes de cada película. Y además, son contagiosos. En un momento dado de The Woman–relato de un psicópata violador que captura a una salvaje en el bosque e intenta civilizarla torturándola en el sótano de su casa con la ayuda de su familia–, me he visto a mí misma haciendo vítores mientras la woman en cuestión le arrancaba un dedo al protagonista, lo masticaba y se lo tragaba.

Suerte que a la salida de esta celebración del canibalismo, Toni Vall –a quien relevo en esto de las crónicas–, ha tirado de contactos para colarme –las entradas estaban agotadas– en el estreno de Emergo, ópera prima de Carles Torrens, y lo ha hecho de la manera más glamurosa, por el backstage, así que de camino nos hemos topado con Rodrigo Cortés, que firma el guión. La película, un cruce bien resuelto entre Paranormal Activity y [REC], también ponía toda su malignidad en las chiquetas, lo que me lleva a pensar… ¿es ésta la verdadera liberación de la mujer? Y sobre todo, ¿qué pensaría Luis Cobos al respecto?

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