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Crítica de 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder' SIN SPOILERS: la locura que esperábamos, ni más ni menos

Warner y DC dieron vía libre al firmante de ‘Sucker Punch’ para que hiciera lo que le viniera en gana, y ha ido tal que así.
Fotograma de 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder'
Fotograma de 'La Liga de la Justicia de Zack Snyder'

En los últimos años ha cundido la impresión de que a Zack Snyder nunca le han dejado ser él mismo dentro de Warner. Sus conflictos con el estudio, el intento de este por reencauzar su visión luego de Batman v Superman: El amanecer de la Justicia, han cimentado una narrativa que los impulsores del #ReleaseTheSnyderCut han aprovechado lo suyo: Snyder era un autor “incómodo”. Alguien que la cuadriculada directiva de Warner intentaban domar, sin conseguirlo del todo pero sin tampoco dejar que sus películas fueran como el director quería.

Es curioso cómo, en toda esta discusión, un título como Sucker Punch parece haber sido olvidado. La Liga de la Justicia de Zack Snyder no es la primera vez que la major le da carta blanca para hacer lo que se le antoje con un enorme presupuesto, que se ajuste sin limitaciones a su indómita sensibilidad. Ya lo fue Sucker Punch, lo fue también El hombre de acero, y dejó de serlo Batman v Superman porque el desconcierto del público fue esta vez demasiado ruidoso. No deberíamos, pues, considerar La Liga de la Justicia de Zack Snyder como un desagravio que va más allá de la película de partida.

Se ha reparado una injusticia, claro, pero de mucho menor alcance de lo que parece. La situación ha emprendido tal rumbo, nos hemos dejado llevar de tal modo por las lógicas chillonas del fandom (alentadas por un Snyder tan venido arriba como es habitual en él), que es posible que en varios tramos del camino hayamos olvidado que nunca ha existido tal cosa como un Snyder Cut. Menos mal que La Liga de la Justicia de Zack Snyder nos lo recuerda. Constantemente.

La era de los héroes, pese a todo

La Liga de la Justicia de Zack Snyder recuerda mucho a Sucker Punch. Retiene su entusiasmo infantil, la falta de complejos e incluso un ademán de sorpresa a la hora de poner en pantalla imágenes indescriptibles, capaces de generar un estupor muy particular. “Me han dejado hacer esto, ¿no es increíble?”, gritan secuencias como la batalla entre dioses que narra Diana Prince o la escaramuza de sus compañeras Amazonas con Steppenwolf (más elaborada que la vista en 2017). Pero La Liga de la Justicia de Zack Snyder recuerda sobre todo a Liga de la Justicia. La que terminó Joss Whedon. La apócrifa.

No es una sorpresa. Snyder tenía una idea muy concreta a la hora de poner en pie Liga de la Justicia (presta a continuar en una segunda entrega, o incluso en una tercera según la hora del día a la que le preguntes), pero fue una idea que Warner capó antes de que se empezara a rodar. Lo triste es que la película había dejado de ser suya antes de que le sobreviniera una tragedia familiar y Whedon acudiera a sustituirle. Lo que no quería decir que no pudiera reconciliarse con ella y asumirla como una criatura suya. Simplemente no tuvo tiempo.

El nuevo look de Superman
El nuevo look de Superman

La Liga de la Justicia que vimos en 2017 era una refutación de lo visto en Batman v Superman, y La Liga de la Justicia de Zack Snyder es una refutación con dos horas extra. La hosca construcción de Superman, la moral equívoca de Batman, el modo en que se cruzaban dentro de un esquizoide amasijo de religión y poder … todo nos remitía a un mundo donde el heroísmo puro no podía existir, pero Liga de la Justicia intentaba traer la luz consigo, y permitir que los héroes fueran héroes. Es exactamente lo mismo que hace La Liga de la Justicia de Zack Snyder. Hasta el punto de conservar todo su humor. De cabo a rabo.

Si hemos de tomar al pie de la letra las declaraciones de Snyder (en lo relativo a no servirse de nada del material de Whedon) la “marvelización”, entendiendo como tal a unos personajes más humanos y dispuestos a divertirse, ya estaba en su idea original. La Liga de la Justicia de Zack Snyder se levanta sobre las mismas ideas de su predecesora (o como queramos llamarla), sigue con exactitud su trama, y continúa funcionando como sanción a toda la misantropía de los pasajes más agrestes de El hombre de acero y Batman v Superman. Es, realmente, la misma película. 

Pero también es una película mejor.

La Liga de la Justicia al completo
La Liga de la Justicia al completo

Para vosotros, fans

La Liga de la Justicia de Zack Snyder (llamémosla Liga de la Justicia a partir de ahora para mayor agilidad) tiene una duración apabullante. Inasumible. Cuatro horas que nunca antes habían sido dedicadas íntegramente a una única película de superhéroes, y que obedecen a dos propósitos básicos: uno, el menos interesante pero más bonito, es el de celebrar. A Snyder le hizo realmente feliz que DC le pusiera al frente de su universo superheroico, con la expectativa de poder manejar, algún día, a sus personajes principales.

Liga de la Justicia es una celebración de ese permiso, desarrollada con una gran euforia por cómo las circunstancias han facilitado que pueda incluir las filias más profundas de Snyder, sin que ningún ejecutivo pueda pararle los pies. ¿En qué se traduce esto? En un deslumbrante festival de la horterada. Snyder siempre ha sido un hortera consumado, entendiendo como tal a alguien que mezcla referentes y estéticas sin ningún criterio más allá del “esto mola” (sobre todo si es a cámara lenta), y ocasionalmente esto ha sido capaz de proyectar su cine a unos escenarios muy estimulantes.

'Sucker Punch' es el referente fundamental para entender qué demonios pasa aquí
'Sucker Punch' es el referente fundamental para entender qué demonios pasa aquí

La película no alcanza en ese sentido las cotas de Sucker Punch, pero tiene absolutas y gozosas aberraciones a cuenta del CGI (un CGI capaz de articular un lenguaje propio en su desvergüenza y exceso, distanciándose así de la simple pobreza del film apócrifo), de una selección musical francamente denunciable y de unos diálogos tan consumidos por la épica wannabe que nunca se preocupan por intentar que empatices con la trama. Liga de la Justicia vuelve a ofrecernos línea directa con el inconsciente de Snyder, y es un inconsciente que, gracias a no conocer el sentido del ridículo, resulta forzosamente transgresor.

El otro propósito básico que levanta Liga de la Justicia es el de convencer a su público de que el gran crossover de DC nunca estuvo destinado a ser un fracaso. Que había buen material, pero las circunstancias y un estudio con poca fe se ocuparon de desbaratarlo. Las dos horas extra que dura obedecen a este propósito. En serio, teníamos una buena película. Y era esta.

¿Cómo lo intenta? Preocupándose por sus personajes. Batman, Wonder Woman, Aquaman y Superman no sufren cambios significativos, pero ahora tenemos oportunidad de conocer de verdad a The Flash y Cyborg. El personaje de Ezra Miller conserva su carácter bufonesco (en serio, ¿cuáles fueron los reshoots de Whedon al margen de lo del bigote?), pero no chirría tanto en el conjunto ceñudo de Liga de la Justicia gracias a que lo definen otros elementos más allá del humor, como es la relación con su padre. Cuenta, además, con una escena de presentación verdaderamente divertida, capaz de que olvidemos lo agotado que quedó el “momento Quicksilver” de las películas de X-Men.

Ezra Miller es The Flash
Ezra Miller es The Flash

Pero la clave está en Cyborg, que gracias a la inyección de metraje llega a erguirse como lo más parecido que tiene Liga de la Justicia a un protagonista (o, al menos, a un hilo conductor dentro de una narración que se tira, literalmente, dos horas empezando). No solo conocemos más de cerca su drama vital, sino que también se detalla con gran profusión su naturaleza y contribuye a alumbrar (en esta película todo funciona así) nuevos motivos para el WTF, gracias a una exposición tan tontorrona como entrañable de sus poderes.

Liga de la Justicia es una película que se permite hacer algo que nunca habían hecho las aportaciones de Snyder a DC (incluyamos en esto su febril adaptación de Watchmen), y esto es respirar. La película respira. Se toma su tiempo. Pone a sus personajes a hablar, a chincharse, a pegarse durante unos poquitos minutos más, suscribiendo un contagioso regodeo de la situación que solo estropea la decisión de enmarcar la totalidad de la película en formato cuatro tercios. ¿Quizá obedece al empeño del film por ser “más íntimo”? Por qué no.

Ray Fisher como Cyborg
Ray Fisher como Cyborg

Después de la fiesta

Quizá convenga, hasta que surja un nuevo movimiento de Internet exigiendo otra versión, entender la película como compendio (con olor a despedida) de todo lo que el cineasta ha aportado al universo de DC. Puede ilustrar cómo el prosumo ha condicionado hasta niveles extremos el cine comercial. También los quebraderos de cabeza a los que puede conducir un autor revoltoso en instancias corporativas. O incluso, marcando distancia definitivamente de Batman v Superman, cómo el heroísmo inspirador, de talante humano, es la única directriz posible para el audiovisual superheroico mainstream.

En lo relativo a las propias dotes de Snyder, Liga de la Justicia constata una serie de logros impepinables. Nunca hemos tenido un Superman tan inquietante. Nunca un Batman con tanta desazón interna, y tanto desinterés en explorarla. Nunca hemos tenido, tampoco, una Wonder Woman tan feroz (en este caso da especial pena lo de Patty Jenkins, incapaz de equiparar en dos películas lo que Snyder logró en escasos minutos dentro de Batman v Superman, y lo que logra aquí). Sobre todo, nunca hemos tenido a un director de cine de superhéroes tan atolondrado, tan dispuesto a pasárselo bien con lo que tenía.

Darkseid tiene una mayor presencia en esta versión
Darkseid tiene una mayor presencia en esta versión

Liga de la Justicia también dura cuatro horas gracias a los caprichitos. A los “ya que estoy, no me van a decir que no a esto” que se intuían en sus decisiones de fichar a Joe Manganiello o Jared Leto. De vez en cuando, el previsible desarrollo de la trama es asaltado por una ocurrencia aún más idiota que la anterior, estallando todo en un epílogo (vamos a optar por no pitorrearnos de los capítulos, y de sus títulos) que tendrá a todo el fandom preguntándose muchos meses qué nos depara el futuro de DC mientras el director se encoge de hombros, ríe y sigue trabajando en su saga de zombies con Netflix.

Al final, a Zack Snyder no queda otra que quererle. Es la conclusión fundamental que nos arrojan los 242 minutos (se dice pronto) que dura Liga de la Justicia. Asumamos nuestro amor, declarémoslo con todas las distancias irónicas que queramos, y recemos por que no vuelva a pasar jamás algo así. Porque amar a Snyder es divertido, pero también agotador. Terriblemente agotador.

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