'Creatura' explora el trauma silenciado de la sexualidad femenina en Cannes 2023

Elena Martín (‘Júlia ist’) estrena con éxito en la sección Quincena de realizadores su segunda película como directora.
Elena Martín en Creatura
Elena Martín en Creatura
Cinemanía
Elena Martín en Creatura

En generaciones pasadas la vulva no se llamaba vulva. Ni entre familias ni en amigas, mucho menos en el exterior, tenía otros nombres, muchos, o no tenía. La vulva y su misterio en sí misma. Crecer en ese misterio, en ese secretismo, genera frustraciones y traumas irreconocibles e incontrolables. Es lo que le ocurre a Mila, la protagonista, de Creatura, interpretada de adulta por su directora y guionista (en un guion firmado junto a Clara Roquet).

Mila se muda a la casa en L’Empordà de su familia. Una casa de campo, cerca del mar en la que se había olvidado de todos las experiencias estivales allí vividas. En su primera noche allí, esos recuerdos le brotan en el cuerpo en forma de una urticaria y de un deseo y no deseo irrefrenable. No puede follar con su pareja (Oriol Pla), aunque quiera y lo intente. Necesita tiempo sola, con su amiga de la adolescencia, respirando vientos de tramontana y agua salada.

La película se divide entonces en flashbacks, en esos recuerdos de Mila. Mila, adolescente, siendo más consciente de su sexualidad, en un momento, además, de aparición del Messenger, de las webcams, de ese exhibicionismo prohibido. En un momento que parece que teníamos más acceso a la sexualidad, pero seguía igual de prohibida. Una adolescente como Mila no tiene herramientas, no tiene educación para entender qué pasa con su cuerpo, qué provoca en ella y qué provoca en los demás. “Te llaman guarra”, le censura un amigo. Y ella se queda helada, sin respuestas.

El otro flashback se va más atrás aún. A la infancia de Mila, a ese momento en el que la niña se descubre la vulva (y cómo le palpita). En esta familia, sí la llaman vulva, ese avance se ha dado, pero evitan hablar de ella, cortan por lo sano los comentarios o acciones de la pequeña Mila imitando a los adultos que la rodean y siendo coherente con ese deseo incipiente que no comprende. Esos cariños a un padre (Àlex Brendemühl) que adora.

Deseo reprimido

Sobre esas relaciones de cariño que el ojo ajeno (y a veces el propio) malinterpreta se genera una tensión que va distanciando en el roce a padre e hija. En su madurez, Mila le reprocha no haber sido nunca cariñosos. Y él se tensa. Y, mientras, ella se reencuentra con su madre (Clara Segura).

En esta atrevida y, en ocasiones incómoda, exploración de la sexualidad femenina, de su falta de explicación, de educación, Elena Martín sigue encontrando preguntas a las que en el mundo que vivimos hoy seguimos sin respuesta.

La educación sexual no solo es asignatura aún pendiente, parece incluso retroceder. En este sentido, la película de la directora de Júlia ist entronca con otra gran película de Cannes, presentada en Un Certain Regard, How to Have Sex, de Molly Manning Walker. En nada se parecen en estilo, pero las dos plantean lo mismo: ese sentirse perdida en el deseo, en la sexualidad, hacia una misma y hacia el exterior e incluso en entornos en los que parecen privilegiados, comprensivos, empáticos. Y, sobre todo, subrayan esa aún más complicada aventura de encontrar apoyo, compañía y comprensión en lo que nos ocurre.

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