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Adèle Haenel se retira del cine porque la industria es “reaccionaria, racista y patriarcal”

Uno de sus grandes triunfos tuvo lugar al frente de ‘Retrato de una mujer en llamas’.
Adèle Haenel en 'Retrato de una mujer en llamas'
Adèle Haenel en 'Retrato de una mujer en llamas'

Desde 2002, Adéle Haenel ha construido una carrera admirable en el cine, paralelamente a querer aprovechar su figura para denunciar los abusos que percibía alrededor. O no tan alrededor. A raíz de su mismo film de debut, Los diablos, Haenel acusó al director Christophe Ruggia de haber tenido un comportamiento inadecuado con ella cuando era menor de edad, y llegado 2020 fue una de las voces más críticas contra Roman Polanski y el éxito crítico de El oficial y la espía. En la gala de los César de aquel año Haenel estaba nominada por su papel en Retrato de una mujer en llamas, y cuando Polanski obtuvo el premio a Mejor director se levantó de su butaca para marcharse del evento gritando ‘¡qué vergüenza!’.

Haenel protagonizó Retrato de una mujer en llamas, quizá su film más reconocido, para quien fuera su expareja Céline Sciamma, con quien también trabajó en Water Lillies. A lo largo de dos décadas se ha puesto a las órdenes de cineastas como Bertrand Bonello, los hermanos Dardenne o Quentin Dupieux, pero desde Retrato no la habíamos visto de vuelta en ningún proyecto. Entrevistada por la revista alemana FAQ, la actriz de 120 pulsaciones por minuto ha aclarado que esto es intencionado, pues quiere alejarse de la industria por cómo trata a las mujeres y las minorías. “Ya no hago películas. Por motivos políticos. Porque la industria del cine es absolutamente reaccionaria, racista y patriarcal”, asegura.

“Nos equivocamos si decimos que los poderosos tienen buena voluntad, que el mundo se mueve en la dirección correcta bajo su bondadosa y a veces poco hábil gestión. En absoluto. Lo único que mueve estructuralmente a la sociedad es la lucha social. Y me parece que en mi caso irse es luchar. Al dejar definitivamente esta industria, quiero participar en otro mundo, otro cine”. El extrañamiento definitivo de Haenel con el cine tuvo lugar en El imperio, película de ciencia ficción que dirigía Bruno Dumont. Haenel iba a ser la protagonista, pero terminó abandonando el film por desacuerdos sobre la temática y el reparto. Este proceso terminó agotando su paciencia.

“Al principio me pareció muy divertido, una especie de Luke Skywalker”, recuerda. “El problema es que detrás de esa fachada divertida se defendía un mundo oscuro, sexista y racista. El guion estaba lleno de chistes sobre la cultura de la cancelación y la violencia sexual. Intenté discutirlo con Dumont porque pensé que era posible un diálogo. Quise creer por enésima vez que no había mala intención. Pero es intencionado. Este desprecio es deliberado”. El imperio es el siguiente film de Dumont tras France, y tras la marcha de Haenel ha congregado a intérpretes como Virginie Efira, Fabrice Luchini y Lily-Rose Depp.

En lo que respecta a Haenel, aclara que no es un adiós definitivo, pues seguirá vinculada al teatro y podría replantearse aparecer en alguna película si conociera lo suficiente a sus artífices. “Si me quedara hoy en esta industria, sería una especie de fachada feminista para esta industria masculina y patriarcal. Mi sueño es dejarlo claro: esta industria promulga un mundo capitalista, patriarcal, racista y sexista de desigualdad estructural. Esta industria trabaja de la mano del orden económico global, en el que todas las vidas no son iguales”, concluye.

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