8 motivos para amar a Alexander Payne

Ahora que el rey de la tragicomedia estrena 'Nebraska', te damos una lista de razones para que profundices en su trabajo. Por YAGO GARCÍA
8 motivos para amar a Alexander Payne
8 motivos para amar a Alexander Payne

Un (presunto) premio de un millón de dólares. Un compresor neumático. Una camioneta. Y, sobre todo, un padre (Bruce Dern, nominado al Oscar) y un hijo (Will Forte) obligados a aguantarse pese a que dejaron de aguantarse hace mucho. Esos son los materiales con los que Alexander Payne ha construido Nebraska, su nueva película. El filme compitió por la Palma de Oro en Cannes 2013 (sin ganarla), se quedó con un palmo de narices en los Globos de Oro (cinco nominaciones, cero victorias), y a nosotros no nos apetece profetizar qué tal le irá durante la gala del 2 de marzo, en la que aspira a seis estatuillas. Más que nada porque dudamos que eso le importe demasiado a su director: él ya habrá cumplido con su parte desde la junta directiva de la Academia de Hollywood, que le acogió como miembro en 2005.

Especializado en decadencias cotidianas y personajes tirando a lamentables, Alexander Payne es un cineasta de esos que, a la chita callando, construyen filmografías tan discretas como imprescindibles sin venderse a la industria, pero sin encastillarse por ello en contra de los gustos del público. Vamos, que en CINEMANÍA le admiramos muchísimo. Por eso le dedicamos este reportaje, en el que te damos 8 razones para arrellanarte en el sofá y disfrutar de su trabajo.

Es un hombre apegado al terruñoalexander_payne_nebraska

El hecho de que Payne (y su guionista, Bob Nelson) hayan elegido un título tan escueto como Nebraska no tiene nada que ver con el disco homónimo de Bruce Springsteen, sino con una razón más íntima: nuestro héroe nació hace 52 años (el 10 de febrero hará 53) en Omaha, la capital de este estado del Medio Oeste. Alexander se crió prácticamente en el restaurante de sus padres, un local muy popular en la ciudad por abrir las 24 horas, y rodó en él sus primeros cortometrajes usando un tomavistas regalo de un proveedor. Desde entonces, y exceptuando las excursiones a Iowa (en su debut Citizen Ruth), California (Entre copas) y Hawai (Los descendientes), todas las historias que nos ha contado Payne han transcurrido en este territorio conocido por su escasa densidad de población, sus interminables llanuras, los tornados que lo sacuden cada primavera y el carácter algo seco de sus habitantes. No es por nada, pero parece que estos rasgos han dejado alguna huella en su trabajo...

¿Humor agrio? No te haces idea...

Aquellos que hayan descubierto recientemente el trabajo payneano estarán familiarizados con su parsimoniosa variante de la tragicomedia: desde A propósito de Schmidt (2002), aproximadamente, el director elude los gags obvios, prefiriendo esas gotitas de humor costumbrista que caen sobre la historia (y sobre sus personajes) con un efecto tan corrosivo como la sangre de alien. Pero los fans de toda la vida saben que en el corazón de Alexander Payne late una letal capacidad para la risa destrozona. Si quieres pruebas, tenemos dos en la forma de Citizen Ruth y Election, sus dos primeros largometrajes: en el primero se atrevió a hacer comedia a partir de un tema tan peliagudo como el aborto (merced al embarazo de esa Laura Dern esnifadora de pegamento) mientras que el segundo queda como una subversión bestial (y genial) de las comedias adolescentes, con Matthew Broderick despachándose a gusto con el género que le dio la fama. Y no te confundas: aunque la filmografía posterior de Payne haya supuesto una bajada de revoluciones, este talento para el chiste maligno a la par que ingenioso sigue presente en ella. ¿O hace falta que te recordemos a esa Kathy Bates invadiendo el jacuzzi de Jack Nicholson?

Es un valedor del talento viejuno...jack_nicholson_a_proposito_de_schmidt

Lo hemos dicho mil veces, y lo repetimos una más: Hollywood no es país para viejos. Por ello alegra ver cómo un señor de 78 primaveras como Bruce Dern se sobrepone a años y años de ninguneo para recibir nominaciones y parabienes gracias a Nebraska. Y es que, en un panorama cada vez más dominado por los rostros juveniles, Payne tiene la loable manía de centrarse en protagonistas, o ancianos, o entrados ya en el climaterio. Aparte de Bruce Dern, el Jack Nicholson de A propósito de Schmidt sería el mejor ejemplo de lo primero, mientras que en la segunda categoría tendríamos al George Clooney canoso y derrotado de Los descendientes y al Paul Giamatti de Entre copas, la película que le valió a su autor el Oscar al Mejor Guión Adaptado y que puso de moda en EE UU los vinos de la variedad Pinot Noir. En todo caso, el cosmos payneano está poblado por estos señores que, pasada ya su juventud, se ven obligados a indagar acerca de qué demonios han hecho con sus vidas. Una pregunta cuyas respuestas no suelen ser agradables.

...Y reconoce el talento jovenreese_witherspoon_election

Entre tanto aburrimiento y confusión, los cuarentones (y cincuentones, y sesentones) de las historias de Alexander Payne están rodeados de criaturas misteriosas a las que no comprenden, y que a su vez les miran como a reliquias de tiempos remotos. Hablamos de los jóvenes, claro. Y, cuando le toca buscar un rostro para estos personajes, Payne suele tener un ojo muy afilado: su último descubrimiento ha sido Shailene Woodley, cuyas caras de aburrimiento ante las gansadas de papá George Clooney en Los descendientes le supusieron un incomprensible ninguneo en los Oscar y una ascensión al cielo de las franquicias como protagonista de Divergente. Unos años antes, todo sea dicho, el cineasta se había fijado en una chavala muy prometedora para interpretar a Tracy Flick, la alumna más espabilada e insoportable del Instituto Carver de Omaha. ¿El nombre de la actriz? Una tal Reese Witherspoon, que se llevó una nominación al Globo de Oro (la primera de tres) y cuyo nombre tal vez te suene de algo.

Ha caminado entre dinosauriosparque_jurasico_iii

¿Te imaginas a Alexander Payne, sentado a su escritorio, meditando sobre a quién debería devorar antes un velocirraptor? Pues eso ha ocurrido: allá por 2001, y tras haberle echado una mano como script doctors a Jay Roach en Los padres de ella, el director y su colega Jim Taylor realizaron una reescritura de guión de Parque Jurásico III. Lejos de avergonzarse por ello, Payne reconoce que disfrutó mucho del encargo y reconoce que su aportación consistió tanto en pulir la trama ("El problema con una película así no es lo que hacen los dinosaurios, sino lo que hace la gente") aunque la mayoría de los chistes y agudezas que incorporó a los diálogos no llegaron al montaje final. Desde luego, la experiencia fue más agradable que su trabajo en Os declaro marido y marido, donde tuvo que aguantar las intromisiones de Adam Sandler.

Tiene grandes ambiciones (o así)entre_copas

Aunque las películas de Payne no revientan las taquillas (tampoco es que lo necesiten) sus resultados le han permitido poner pie en el mundo de la producción. Sin ir más lejos, él financió la muy payneana Convención en Cedar Rapids. Pero ese amor por el pequeño formato es, según propia confesión, el principal escollo para su proyecto más preciado. Nuestro héroe lleva desde 2009 buscando productores para Downsizing, una película de ciencia-ficción que habrían de protagonizar Paul Giamatti, Reese Witherspoon y Sacha Baron Cohen, y cuyo argumento es prometedor cuanto menos: un hombre agobiado por las deudas decide miniaturizarse (cual si de El increíble hombre menguante se tratara) para así ahorrar dinero en alojamiento y comida. Todo apunta a que esta versión cínica de Cariño, he encogido a los niños sería un peliculón, pero por lo visto necesitaría un gran presupuesto para efectos especiales. Ahora bien, no perdamos la esperanza, porque Payne suele proyectar sus filmes a largo plazo y, según afirma aun hoy, sigue empeñado en que Downsizing se haga realidad.

Sabe ayudar a sus amigos

RUN FAST Kickstarter from Anna Musso on Vimeo.

Desde Los descendientes, Payne trabaja con una ayudante de dirección llamada Anna Musso. La cual, como suele ocurrir, también hace sus pinitos como autora. Concretamente, Anna está preparando Run Fast, un cortometraje que Payne también produce y para cuya campaña de crowfunding se ha prestado como gancho publicitario: los dos primeros donantes en depositar 3.700 euros o más en la cuenta del filme tendrán la ocasión de compartir un almuerzo privado con nuestro hombre, durante el cual (promete la web) se charlará sobre cine al más alto nivel. Eso sí, los hipotéticos ganadores deberán pagarse ellos mismos el billete a Omaha (dónde si no) a fin de asistir a la comida. Y, en el caso de que al leer esto te hayas picado y quieras tirar de cuenta corriente, te aconsejamos que le dejes a él elegir el vino.

Puede charlar contigo en tu idiomaalexander_payne

Supongamos que te has sumado por todo lo alto al crowfunding de Run Fast y que te preparas para conversar con Alexander Payne. Tú vas a la cita consultando como loco el diccionario de inglés y practicando la pronunciación del "How do you do?"... Y él te sorprende saludándote en perfecto castellano con un poco de acento latino. Porque, antes de licenciarse en cine, nuestro cineasta cursó una doble licenciatura en Historia y Filología Hispánica que le llevó a sendas estancias en Salamanca y Medellín. Por si fuera poco, Payne también chapurrea algo de griego, porque su abuelo paterno se apellidaba Papadopoulos y las dos ramas de su familia proceden del país heleno. Según él mismo reconoce, esta ensalada de lenguas contribuye a esa forma suya, tan distante como cariñosa, de mirar al mundo y a la gente.

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