Mis clásicos: 'El mago de Oz'

Mis clásicos: 'El mago de Oz'
Mis clásicos: 'El mago de Oz'

El mago de Oz (1939) es uno de los filmes más insólitos de la historia del cine. Inspirado por Alicia en el País de las Maravillas de una manera definitiva, se convirtió en un grandioso éxito de la MGM y sigue siendo un fi lme inspirado, inteligente, lleno de gracejo, talento y una poesía digna de los mejores escritores románticos. Este éxito sin precedentes se debió sobre todo a dos razones: la primera se llama Judy Garland, la segunda Harold Arlen, compositor magnífi co que ha dejado gemas como Over the Rainbow (perteneciente a la película) o Stormy Weather. La unión de estos dos talentos se debe seguramente al productor Mervyn LeRoy, otro cineasta extraordinario.

La película era en blanco y negro y color, del antiguo, del maravilloso de Natalie Kalmus. El filme narra la peripecia de una jovencita fantasiosa y soñadora que, acompañada por sus personajes favoritos (el León Cobarde, el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros), se lanzan a la aventura, una aventura más próxima a Walt Disney y a Alicia... que a la mejor comedia musical. Los decorados, esquemáticos y estilizados, y el juego de los actores que rodean a la Garland, bajo la batuta de Victor Fleming consiguieron la sorpresa de este filme. Las secuencias más o menos realistas eran en blanco y negro, y el mundo de la fantasía en color. Judy Garland estaba extraordinaria y regaló al cine mundial su voz emocionante y su talento de actriz.La canción Over the Rainbow, que es como un prólogo emotivo de la película, se convirtió en el himno (aún sigue siéndolo) de la comunidad gay del mundo entero, por su inspiración, su fantasía y su canto a la libertad.

Judy, que ya había actuado en Melodías de Broadway y la serie Andrés Harvey se enamora con el genial Lewis Stone se iba a convertir gracias a El mago de Oz en la más grande estrella de la MGM. Su talento de actriz y su inspiración como cantante la llevaron hasta la cumbre y sólo la irregularidad de su vida, los problemas personales y su tendencia libertaria harían de ella un personaje controvertido, admirado y odiado al mismo tiempo. Ella fue la cumbre de una saga de “genios de la farándula” y tuvo que sufrir en sus carnes la incomprensión y las imposiciones del

Código Hays. Caprichosa y absurda, y a la vez llena de emoción y de ternura, yo siempre me quedaré con la imagen cálida de su Over the Rainbow iluminada magistralmente por Harold Rosson. Acusada de drogadicción, vilipendiada por pazguatos y mojigatos, su figura se hace cada día más gigantesca y quedará probablemente como símbolo de pasión, amor y libertad. Tenemos que agradecer a la comunidad gay el haber recuperado a Judy Garland, adorada por ellos. En medio de la estupidez reinante, reconforta pensar que todavía hay en el mundo gentes con buen gusto. Me sumo modestamente a este homenaje a una actriz y una mujer maravillosa.

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