No me deprimas que te reviento

No me deprimas que te reviento
No me deprimas que te reviento

Esta es mi propuesta de título para el esperadísimo crossover entre Superman y Batman, la buddy movie definitiva. El alegrías y la grúa uniendo fuerzas, la unión que el mundo del cine necesita. Era irónico, claro. Le auguro un fracaso estrepitoso. Y no por la hipotética calidad de la cinta, sino por el carácter problemático de los personajes.

Batman es la peor compañía posible para trabajar en equipo. Un tipo tan acomplejado y con tanto dinero te va a dar problemas sí o sí. De acuerdo, Bruce, haberte caído en un pozo lleno de murciélagos y ver cómo disparaban a tus padres a la salida del cine cuando eras pequeño fue un marrón de los gordos. Pero, ¿estás seguro de que la mejor solución es fundirte toda la herencia en gimnasios y artefactos de guerrilla urbana para salir por las noches a abrirte la cabeza tirándote en tirolina de los edificios? ¿De verdad no se te había ocurrido que dedicando un 0,01 por ciento de esa pasta en un buen psicólogo ya lo tendrías superado? Pues no, él prefiere pasar el fin de semana metido en una cueva, durmiendo colgado boca abajo de una barra y zurrándose con toda la chusma de la ciudad. No es de extrañar que semejante desequilibrado sea difícil de tratar: hosco, huraño y acarreando más traumas que el hombre elefante. Un auténtico “alegrías”.

¿Y el otro? Viene completo también. Los poderes de Superman son tan desmesurados que lleva toda la vida conteniéndose. Superman siempre se ha tenido que comportar como una grúa, conectando vías de tren, recogiendo helicópteros y aviones que caen al suelo, desviando escombros, y así siempre. Tragando sapos. Porque si se dejara llevar y le diera media hostia con el reverso de la mano a uno de tantos humanos que le tocan las pelotas día tras día, simple y llanamente le arrancaría la cabeza.

Gran parte del público se molestó cuando contempló en El hombre de acero las devastadoras consecuencias de un Superman desatando su furia. Nostálgicos de mi generación que elogian la versión de Richard Donner pero que si se toparan la semana que viene con una película en que alguien gira el mundo hacia atrás para retroceder en el tiempo rodearían la casa de su director con antorchas y exigirían la inmediata entrega de su bolsa testicular. Zack Snyder se dio cuenta del drama de Superman: es un elefante culturista en una cacharrería de Lladró. Se necesitaba un director visionario como él para verlo, alguien que ya supo entender en Watchmen que el rabo del Doctor Manhattan tenía que ser como una lata de Red Bull.

En cualquier caso, yo ya he escrito una escena para la película:

(Batman) Tenemos que ir a la guarida del villano. ¿Cogemos el bat-movil? ¿La bat-moto? ¿La bat-nave?

(Superman) Te llevo volando, mejor, ¿no?

(Batman) Vaaale... Una vez allí les espiaremos con mi equipo de bat-escucha a distancia.

(Superman) Ya lo haré yo, que tengo super-oído y visión de rayos x.

(Batman) Hummm... de acueeerdo. Para entrar tengo un juego de bat-ganzúas en el bat-cinturón. ¿Te hace?

(Superman) No, tranqui. Abro un agujero en la pared de un puñetazo.

(Batman) Hmmm..… bueno. Acto seguido contengo a los sicarios con una bat-red. ¿Sí?

(Superman) No hace falta. Ya los paro yo soplando.

(Batman) Joder... ¿Y yo? ¿Yo no hago nada o qué? ¡Hostia! ¡Cojones!

Batman Le da una colleja a Superman. Superman se la devuelve y lo decapita.

Fin.

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