'Wolf Hall': El funcionario asesino

Una de las mejores series históricas jamás rodadas, con unos escalofriantes Mark Rylance y Damian Lewis.
Mark Rylance en 'Wolf Hall'.
Mark Rylance en 'Wolf Hall'.
Cinemanía

No todo van a ser novedades en esta vida: CINEMANÍA rescata los shows que hicieron historia de la TV con esta colección de artículos. Bienvenidos a nuestros Clásicos en serie.

Ahí lo tienes. Siempre vestido de negro, hablando en voz baja y mirando a su alrededor con esos ojos de pescado hervido que, si bien dejan traslucir alguna emoción de cuando en cuando, no se iluminan casi nunca. En general, parece lo que es: un funcionario.

Pero no te engañes. Interpretado por un Mark Rylance supremo, el protagonista de Wolf Hall (disponible en Filmin) es el hombre más peligroso de su lugar y su época. Y, tratándose de la Inglaterra de Enrique VIII (esa que Charles Dickens describió como “un lamparón de grasa y sangre”), subestimarle equivale a morir.

Los seis episodios de Wolf Hall adaptan En la corte del lobo y Una reina en el estrado, dos de las novelas en las que Hilary Mantel narró la vida de Thomas Cromwell, una de las figuras más turbias de la historia de Reino Unido. Con esos libros, Mantel sedujo a la vez a los críticos (es la primera y única escritora con dos premios Man Booker) y a un público que los convirtió en bestsellers, algo que se entiende viendo la serie porque tiene mérito presentar a un supervillano como una figura casi entrañable. 

El Cromwell al que interpreta Rylance es un hombre de orígenes humildes que asciende a lo más alto a base de celo en su deber: no es culpa suya que dicho deber sea cumplir los deseos de un tirano (Damian Lewis) a través de medios inenarrables. Tom Holland y Claire Foy (The Crown), esta última como una Ana Bolena a la que dan ganas de decapitar personalmente, son algunos de los rostros que llegaron a la fama compañando a este sicario y al rey que le encarga sus trabajos sucios. 

 Ganadora de un Globo de Oro y dos BAFTA, esta serie es un ejemplo de cómo la ficción histórica puede enganchar sin tratar a los espectadores como tontos. Y hace bien, porque, según nos enseña Cromwell, en esta corte de lobos los tontos viajan a la Torre de Londres sin billete de vuelta.

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