OPINIÓN

Tómese su tiempo

Fotograma de 'El tiempo en sus manos'
Fotograma de 'El tiempo en sus manos'
Cinemanía
Fotograma de 'El tiempo en sus manos'

El tiempo es una magnitud física inexorable que el ser humano, en un fabuloso ejercicio de optimismo, cree haber compartimentado y medido desde sus más mínimos términos hasta sus más inabarcables manifestaciones: ¿cuántos nanosegundos componen un milenio? 

Sin embargo, no existe nada más maleable y deformante que la percepción subjetiva que tenemos del paso del tiempo; rememorar un instante (otra medida inexacta) de nuestra infancia nos hace sentir la mareante velocidad con la que transcurrimos por la vida, pero bastan dos minutos mirando el reloj del microondas mientras se calienta la comida para apreciar la pasmosa y muy fragmentada lentitud que gobierna el universo. La distancia percibida con nuestra última y verdadera sensación de haber sido jóvenes es inversamente proporcional a la aceptación de la edad (de nuevo, otra fracción ambigua).

Las películas, las series, los documentales son un fragmento de vida atrapado en una duración variable y sometida al consenso de distintas opiniones; el director, el editor, los productores, la plataforma, qué sé yo. Por eso existe la “versión del director” que intenta suplir lo que el creador dejó fuera de su obra. Y parece que formar parte del público consiste en crear sobre la marcha tu propia “versión del espectador” en la que, con el tiempo, prescindes de lo accesorio y te quedas con lo esencial, que a veces es un fugaz detalle mínimo. 

A menudo sentimos que a una serie le sobran capítulos o una película hace honor al sinónimo “largometraje”; fluye la narración, se plantea la trama, avanza la historia y, de repente, como si pisara arenas movedizas, se empantana el ritmo y el autor empieza a gustarse en ese ímpetu narcisista, repetitivo e irremediablemente lento que entorpece, despista y acaba por sacarte de lo que te estaban contando. Y como espectador piensas en toda la gente involucrada en la toma de decisiones, y sientes que sus carreras están pendientes de tu palabra, pero la única palabra que tienes es “MEH”.

Parte de la comuna ILUSTRES IGNORANTES y ha escrito un par de novelas esperando un inmerecido golpe de suerte que le aleje del esfuerzo. Espectador de todo.

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