Borderlands 2: Porque el estilo es importante.

Borderlands 2: Porque el estilo es importante.
Borderlands 2: Porque el estilo es importante.

La gente de Gearbox (y de paso la de 2K Games) siempre le dan un toque personal a sus juegos. Vale que con el regreso de Nuke Nuken nos dejaron un poco a medias. Pero eso pasa muy a menudo, te digan lo que te digan. El caso es que con Borderlands 2 se han concentrado en tres aspectos para ofrecer a los jugadores una secuela de éxito: acción, jugabilidad y estética.

Borderlands 2 nos lleva de nuevo al mundo alienígena de Pandora, donde los intereses comerciales por una poderosa fuente de energía (también alienígena) están trasnformado el entorno que conocimos en el primer Borderlands. Cuatro nuevos protagonistas (aunque algunos personajes ya conocidos harán una aparición estelar) para un modo en solitario en el que la trama es una mera excusa para unir una misión con otra. Bueno, ningún jugador acude a este tipo de juegos para empaparse de los matices de interpretación de una gran obra literaria. Esa simplicidad del «modo historia» permite poner toda la carne en el asador en la acción.

Muchos, muchos enemigos en la pantalla y munición de sobra para dar cuenta de ellos. Ni son pocos, ni son cobardes. Aunque sí que hay una diferencia abismal entre la dificultad de acabar con unos u otros. Pero ese es un detalle que en plena batalla campal será de poca importancia. Dispara a todo y trata de sobrevivir.

Borderlands 2: Porque el estilo es importante.

Los cuatro protagonistas ofrecen habilidades diferentes, para adaptarse mejor al tipo de juego de cada usuario. Si bien son bastante arquetípicos, su eficacia queda clara combinándolos en los modos de juego cooperativo. Los pequeños elementos de RPG permitirán ir evolucionando a tu personaje, mejorando sus armas y poderes especiales. Otra vez, nada nuevo bajo el sol de Pandora. Son los pequeños detalles los que hacen importante la capacidad de adicción de este juego: por un lado, lección frenética (casi epiléptica) de algunas misiones. Por otro, aportaciones a la jugabilidad, como poder tener una segunda oportunidad de volver a la acción tras morder el polvo, si eres capaz de acabar con un enemigo mientras estás moribundo.

Las grandes bondades de Borderlands 2 están en los modos multijugador, ya sea cooperativo en pantalla dividida o en red. Ahí entrarán en realmente en juego las habilidades de cada personaje, para realizar jugadas inolvidables de despiporre. Y es que los momentos de acción son una auténtica locura.

Borderlands 2: Porque el estilo es importante.

Y todo esto está muy bien. Pero a estas alturas los jugadores se han vuelto muy exigentes, y quieren algo más. El «valor añadido» de Borderlands es su diseño y estética. El acabado de «cell-shading» (como si fuera un cómic, dibujado a mano) diferencia a Borderlands 2 a primer golpe de vista y lo hace perfectamente reconocible. Toda una declaración de intenciones en una era (y un género) obsesionado por el realismo fotográfico y el detalle.

Borderlands 2 es algo así como la rica ensalada del menú de los shooters: es refrescante y desengrasa tanta intensidad bélica. Un juego ideal para compartirlo con los amigotes y convertir las partidas en fiestecicas (la banda sonora de puro musicote trontón invita a ello).

Esto es BAZINGA!, donde los peores rincones de Pandora nos recuerdan aquellos descampados del barrio donde íbamos a jugar con los amigos.

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