Un grupo de científicos de EE UU y Alemania acaban de descubrir una molécula que hace que los genes se muevan más.
Además, han comprado en ratas de laboratorio que las que tenían los genes más inquietos eran menos propensas a engordar.
¿Por qué? Porque los movimientos de los genes hace las personas sean más inquietas, y con ello consumen más energía.
"Evidentemente las personas que tienen un fenotipo más movidizo están más protegidos contra una dieta que les induzca a la obesidad que una persona, que por ejemplo, sea más calmada", asegura el profesor Mathias Treier.
No se sabe cómo funciona este mecanismo genético, aunque estos investigadores sospechan que la presencia de estas moléculas movidizas también influyen en el apetito.
Pero si no tienes la suerte de que la madre naturaleza no te haya dotado con la molécula que dispara el movimiento en tus genes no te preocuopes: este grupo de científicos asegura en sus conclusiones finales que la dieta y el ejercicio probablemente influye igual que la predisposición genética.

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