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Fisterra y otros siete lugares más para viajar hasta el fin del mundo

Faro de Finisterre, en Galicia.
Faro de Finisterre, en Galicia.
Getty Images

Los romanos pensaban que en este remoto cabo de la gallega Costa da Morte se acababa la tierra. Por su lejanía y por no ser nada fácil su acceso pensaron que no podía haber nada más allá. Pero existen otros muchos rincones en el planeta donde alguien alguna vez pensó lo mismo.

CABO FISTERRA (España)

La luz del faro de Fisterra, construido en 1853, a 138 metros sobre el nivel del mar, guía a los barcos por las peligrosas aguas de esta agreste franja del litoral gallego, conocida como Costa da Morte (A Coruña), que comienza en Arteixo y concluye aquí, en el fin del mundo conocido para los romanos, el lugar donde los celtas adoraban al Sol. La punta es un acantilado en ascensión desde los temidos islotes de O Petonciño y de A Centola hasta el monte de O Facho, donde parece ser que estaba el Ara Solis en el que, en la antigüedad, se celebraban los ritos. La mística fluye a la hora del atardecer. www.turismo.gal

Cabo da Roca, el punto más occidental de la Península Ibérica.
Cabo da Roca, el punto más occidental de la Península Ibérica.
Getty Images/iStockphoto

CABO DA ROCA (Portugal)

No es Fisterra sino el Cabo da Roca el punto más occidental de la Península Ibérica y, por tanto, de la Europa continental. Si hacemos caso al poeta Luís de Camões, este es el lugar “onde a terra acaba e o mar começa”. Fue conocido por los romanos como Promontorium Magnum y como la Roca de Lisboa en la era de la navegación. Integrado en el Parque Natural de Sintra-Cascais, sus acantilados alcanzan los 140 metros de altura, lo que proporciona una increíble panorámica del océano Atlántico en su particular lucha contra las rocas. Cuenta con un pequeño faro y restos de un fuerte del siglo XVII. www.visitportugal.com

Pointe du Raz, en el extremo occidental de la Bretaña francesa.
Pointe du Raz, en el extremo occidental de la Bretaña francesa.
Getty Images/iStockphoto

POINTE DU RAZ (Francia)

Aunque su nombre en bretón significa Cabeza del Mundo, Finistère deriva del latín finis terrae, que significa fin de la tierra. Así es como se conoce a este departamento francés en el extremo occidental de Bretaña, una sucesión de cabos y acantilados esculpidos por el viento y las aguas bravas del océano Atlántico. A pesar de que la punta más occidental de la Francia continental es la de Corsen, esta de Raz, que se eleva a 70 metros de altura, es, simbólicamente para muchos, el lugar donde todo termina. Hasta ella nos conduce un espectacular sendero. El faro queda justo enfrente, en el islote de la Vieille. www.tourismebretagne.com

Cabo de Buena Esperanza.
Cabo de Buena Esperanza.
Getty Images

CABO DE BUENA ESPERANZA (Sudáfrica)

Su nombre es fruto del ferviente deseo de Juan II, rey de Portugal, de encontrar una ruta marítima que llevara a sus navegantes rumbo a las Indias una vez superando este cabo, avistado por primera vez en 1488 por el también luso Bartolomé Díaz, que prefirió llamarlo de las Tormentas. Situado en el extremo sur de África, forma parte del Parque Nacional Montaña de la Mesa y hasta él se puede ir en coche desde Ciudad del Cabo. Las vistas desde lo alto del acantilado son impactantes. Un funicular conduce hasta el faro, a 250 metros sobre el nivel del mar. Quizás si miramos al frente veamos ballenas. www.sanparks.org

Cabo de Hornos, uno de los pasos más peligrosos de la navegación.
Cabo de Hornos, uno de los pasos más peligrosos de la navegación.
Getty Images/iStockphoto

CABO DE HORNOS (Chile)

En la zona más austral de Chile, en la punta de la Isla de Hornos, en el archipiélago de Tierra del Fuego, aparece este mítico lugar de travesías, siempre en la imaginación de quienes quieren pisar el punto más al sur del planeta. Es aquí donde se funden el océano Pacífico y el Atlántico, en un peligroso paso llamado Canal de Beagle. Navegar por sus aguas es toda una aventura, que comenzará en Puerto Williams y nos permitirá descubrir lugares como los Dientes de Navarino si queremos hacer trekking y disfrutar de unas panorámicas imposibles de olvidar. www.gochile.cl

Faro del Fin del Mundo en Ushuaia.
Faro del Fin del Mundo en Ushuaia.
Getty Images/iStockphoto

USHUAIA (Argentina)

A orillas del Canal de Beagle, en el extremo sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego, en la Patagonia Argentina, se sitúa la ciudad más austral del mundo, la única del país a la que se accede cruzando parte de la cordillera de los Andes. Su nombre quiere decir, en el idioma yagán, “bahía al fondo”. Ushuaia es algo más que paisajes de valles glaciares, turberas y bosques milenarios. Si hacemos un recorrido urbano, podremos conocer museos como el Marítimo, que encierra la historia de famosas expediciones a la Antártida, o el del Fin del Mundo, sobre los primeros nativos. turismoushuaia.com

El australiano Cabo Leeuwin a vista de dron.
El australiano Cabo Leeuwin a vista de dron.
© Skyvision Productions

CABO LEEUWIN (Australia)

Es, junto al de Hornos y el de Buena Esperanza, uno de los tres grandes cabos de la circunnavegación terrestre, cuyo nombre, leona, se lo puso, a principios del siglo XIX, el navegante inglés Matthew Flinders en referencia al primer barco que visitó esta zona, un galeón neerlandés que cartografió algunas de las costas cercanas en 1622. Rematado por un faro de 39 metros de altura desde el año 1895, está situado en el límite sudoccidental del continente australiano, justo donde se encuentran las aguas del océano Índico y las del Pacífico. Augusta es la ciudad más cercana. www.australia.com

Isla Stewart, en el Parque Nacional Rakiura.
Isla Stewart, en el Parque Nacional Rakiura.
Mark Watson / Highlux Photography

ISLA STEWART (Nueva Zelanda)

Cuando decimos que algo está en las Antípodas queremos expresar lo lejos que se encuentra. Pues las Antípodas existen, son unas islas deshabitadas situadas a 850 kilómetros de esta otra isla de Nueva Zelanda, avistada por primera vez por el explorador británico James Cook. Recibe, sin embargo, el nombre del capitán William Stewart, que en 1809 hizo su primera carta de navegación. Su único núcleo poblado es Oban, con apenas 400 habitantes. ¡Hay más pájaros kiwis que personas! Toda ella está protegida por el Parque Nacional Rakiura, repleto de senderos para caminar. www.tourismnewzealand.com

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