Faro
Aunque puede parecer un lujo, alquilar un faro no tiene por qué ser caro Ana Vega

Buscar la soledad y la tranquilidad a través de un viaje puede resultar bastante complicado si optamos por un destino costero. Pero aún hay fórmulas para encontrar rincones donde nunca pasa nada. Fijados en el imaginario colectivo como los edificios más solitarios del mundo, los faros son uno de esos lugares. Muchos de ellos, automatizados y relegados a un segundo plano en la navegación, han encontrado una segunda vida gracias al turismo y a aquellos visitantes que no se conforman con un hotel cualquiera.

Aunque puede parecer un lujo para privilegiados, alquilar un faro no tiene por qué ser caro. Son una buena opción, por ejemplo, para viajar en grupo o en familia ya que la mayoría de ellos se han habilitado como apartamentos con una capacidad media de 5 personas. En otros casos, se han transformado directamente en hoteles, como el faro de Finisterre, en la costa da Morte.

Principales destinos europeos


Sólo en Noruega hay más de 50 faros históricos que se han reconvertido para el turismo, y todos ellos se pueden ver en la web de la Asociación de Faros Noruegos. También Irlanda, Escocia e Inglaterra destacan como destinos para quienes quieran alquilar uno de estos alojamientos. Muchos están en páginas especializadas como Travel Quest.  El sitio Farosdelmundo también ofrece un enlace para ojear este tipo de apartamentos en 25 países, aunque conviene mirar bien ya que parte de las ofertas corresponden a réplicas o complejos que toman el nombre de faros de su zona.

Además de en los países del norte, hay alternativas en zonas más cálidas. El país mediterráneo que más está explotando turísticamente estas edificaciones es Croacia. Su accidentada costa obligó a construir faros en salientes e islotes, y sus dueños han aprovechado el tirón de la franja adriática para habilitar en su interior apartamentos. De todos ellos, cabe destacar el faro de Savudrija, cerca de la frontera eslovena. Data de 1818 y es el más antiguo de esta región. Fue construido por el conde Metternich para regalárselo a su enamorada, que murió el día en el que concluyeron las obras. Otro faro curioso es el de Veli Rat, en la isla Dugi Otok, donde hay dos apartamentos y una capilla para celebrar bodas.

El mundo, de costa a costa


En Canadá y Estados Unidos hay muchos faros convertidos en hoteles o bed & breakfast y se pueden encontrar en cualquier latitud. Desde Alaska, donde se encuentra el Cordova Rose Lodge, hasta Florida con el Katie’s Light, la bonita réplica del faro de la bahía de Chesapeake que está a pie de playa en Amelia Island. O desde Rhode Island, con el faro de Rose Island, hasta San Francisco, donde está el Point Arena, que fue destruido por un terremoto en 1906 y  vuelto a poner en pie con refuerzos de acero. La región de los Grandes Lagos también tiene  este tipo de alojamientos, como el Two Harbors en Minnesota.

Aunque las costas del norte de América y Europa acaparen el mayor protagonismo en estas páginas especializadas, buceando en Internet se pueden encontrar destinos como el hotel Faro Punta Delgada en la Patagonia argentina, el complejo Shark Island en Namibia o el Smoky Cape en Australia.