En los últimos años los dentistas británicos se han pasado en masa al sector privado, atraídos por un mayor sueldo, y han dejado en la red pública un déficit de 800 profesionales, que ahora intentan cubrir con personal de la Unión Europea. La tentación británica se traduce en un contrato de uno a tres años con posibilidad de plaza fija y un sueldo de unos 45.000 euros, frente a los 25.000 que cobran en España.