Johnson Chandra envió ese breve mensaje de texto a su padre, que estaba a 900 kilómetros de distancia en Yakarta, mientras yacía atrapado junto a su esposa entre los escombros de su hogar. Probablemente salvó sus vidas.

Al igual que muchos de los 900.000 residentes de la ciudad indonesia de Padang, Chandra, de 30 años, se había acostumbrado a los seísmos que regularmente sacuden al puerto, que se ubica sobre la 'Sunda Megathrust', una de las fallas más activas del mundo, junto al 'círculo de fuego' del Pacífico.

'En un principio pensé, 'Oh, sólo es otro pequeño'', dijo Chandra, que estaba en su casa, situada sobre la farmacia que poseía, cuando el edificio de cuatro pisos comenzó a derrumbarse.

De hecho, fue un terremoto de magnitud 7,6, tan poderoso que sacudió edificios a miles de kilómetros de distancia, en Singapur y Malasia, y devastó un área de 100 kilómetros junto a la costa de Sumatra.

'El suelo se siguió moviendo, por lo que intenté correr hacia fuera. Luego recordé que mi esposa aún estaba en el segundo piso y me dí la vuelta hacia las escaleras', declaró.

'En cuanto pisé el primer escalón, los ladrillos cayeron sobre mí, no pude estabilizarme, estaba bamboleándome, perdí el equilibrio. En dos segundos, el edificio completo se derrumbó, el tercer piso se convirtió en el primer piso. Luego todo se oscureció', agregó.

Chandra, que terminó debajo de una puerta que sostenía los ladrillos que cayeron desde arriba, intentó pedir ayuda a través de su móvil, pero no tenía cobertura.

'Intenté llamar a varias personas, a mi familia, mis amigos, mis parientes, todo inútil, y estaba desesperado. Pero de repente me acordé de los mensajes de texto, así que envié un mensaje a mi padre para hacerle saber dónde estaba', reveló.

'Más tarde escuché que se acercaba gente, así que intenté hacer ruido. Mi esposa gritaba 'auxilio', y encontré un pequeño clavo con el que comencé a golpear. Finalmente me encontraron. Lentamente se hicieron paso en torno a mí y fuimos rescatados 10 horas después del terremoto', añadió.

Chandra y su esposa no sufrieron heridas graves, convirtiéndose en afortunados supervivientes de un desastre que según Naciones Unidas podría haber dejado cerca de 1.100 muertos y miles de personas más atrapadas bajo los escombros.

'Por ahora, aún estoy revisando los escombros, tratando de encontrar ropa, o lo que sea que haya quedado que aún sea útil', comentó. 'Mi familia y yo tenemos suficiente comida, pero sé que muchos otros en la ciudad necesitan ayuda', agregó.