La fortaleza de Cartagena de Indias
La fortaleza de Cartagena de Indiasdesde la que el insigne Blas de Lezo Patapalo (en la escultura) dirigió la resistencia al asedio de la flota inglesa en 1741. ARCHIVO

Situada a orillas del mar Caribe, Cartagena de Indias es hoy la quinta ciudad de Colombia por tamaño. Desde su fundación en 1533, y durante toda la época colonial española, fue uno de los puertos más importantes de América. Y eso lo sabían también los piratas ingleses.

Precisamente para protegerse de su acoso se construyeron kilómetros de fortificaciones. Durante años han sido un elemento distintivo de Cartagena de Indias. Y lo siguen siendo. Desde su nacimiento Cartagena de Indias fue bautizada con el fuego de piratas y corsarios, como el legendario Sir Francis Drake, quienes se empeñaron durante siglos en intentar conquistar uno de los centros urbanos coloniales mejor conservados de América Latina.

Ahora, la muralla combate a la contaminación y el vandalismoPara mantener a raya a los invasores, la colonia española construyó entre 1602 y 1616 un conjunto de baterías armadas con cañones, del que hoy en día solo quedan once kilómetros debido a que gran parte se demolió durante el proceso de expansión que experimentó la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Esta colosal obra defensiva es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1984.

De la época colonial española procede la mayor parte del patrimonio artístico y cultural de Cartagena de Indias. Además de la fortaleza española contruida para proteger la ciudad del asedio de los piratas, la ciudad contiene otros muchos tesoros, como su misma entrada, la entrada principal al centro histórico, que es la Torre del Reloj o Boca del Puente, construida sobre la muralla en el siglo XIX.

Dentro de la Ciudad Amurallada destacan la Plaza de los Coches, rodeada de casonas coloniales; la Casa del Marquez del Premio Real, la Casa de la Aduana, la Iglesia y el Convento de San Pedro, construida en el siglo XVII. Allí también se encuentran el actual edificio de la Alcaldía Mayor, la Casa de la Inquisición, el Museo del Oro y el Museo de Arte Moderno. También es recomendable visitar el barrio Getsemaní y el Muelle de los Pegasos.

Contaminación y vandalismo

Ahora, la muralla combate a la contaminación y el vandalismo, los peores enemigos para la conservación del conjunto amurallado. La cercanía del tráfico de vehículos, los excrementos de aves y el desarrollo urbanístico son algunos de los factores que han puesto a esta construcción en jaque.

La contaminación producida por el humo de los automóviles se acumula sobre la piedra, en forma de bacterias, hasta formar una costra negra. Además, el tráfico genera vibraciones que alteran el equilibrio estático del edificio. A ello se suman problemas medioambientales, como la lluvia ácida o los excrementos de animales, que carcomen la piedra. Además, debido al proceso de urbanización que ha vivido la ciudad, en algunos puntos la base de la muralla se encuentra enterrada hasta dos metros bajo tierra.