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David Cortizas: "Cuando vi 'Karate Kid' comencé a interesarme por los bonsáis"

De algo tan pequeño como un bonsái, el youtuber David Cortizas ha obtenido un éxito enorme, uno tan grande que se cuenta ya en 48.000 suscriptores y casi 11 milones de visualizaciones de los vídeos de su canal Escuela de Bonsái Online. Ese gran apoyo que tiene en YouTube y en otras redes es el que le ha permitido ser el ganador del galardón al blog más votado en los X Premios 20Blogs. Cortizas, que también ha ganado el premio a mejor blog de medio ambiente y quedó finalista en la categoría de deportes con Sé que puedo volar, ha contado feliz a 20minutos el buen momento que está viviendo.

¿Quién es David Cortizas y cómo comenzó su afición a los bonsáis?

Soy un gaditano que nació en 1978 en un pueblecito, un verano con mucha calor —le reventé el día de playa a mi familia—. De pequeño yo siempre fui un poco el rarito. No jugaba al fútbol ni con los coches, yo era el de las plantitas y el de los bichos. Y cuando en el 84 apareció la película Karate Kid, yo me fijé en esos arbolitos metidos en macetas que aparecían en la peli. Cuando todos los chiquillos fueron a apuntarse a kárate, yo fui a coger plantas. Me compró mi madre un ficus chiquitito, empecé a cultivarlo y así comenzó todo.

¿Y cómo dio el paso a la profesionalización?

Yo nunca dejé de hacer bonsáis pero llegó un momento en el que vi en Internet a un chico de Chile que se fue a estudiar a Japón y descubrí que allí había una escuela internacional donde admitían alumnos de fuera. Inmediatamente eché mi solicitud, me fui a Japón y estuve allí tres meses interno en la escuela estudiando bonsáis, viviendo el bonsái en una escuela tradicional, muy conservadora.

Luego volví aquí y seguí trabajando de vigilante de seguridad, que es lo que soy. Pero, por la crisis, hicieron una criba y despidieron a todo el mundo. Yo me quedé con lo puesto y decidí hacer el canal de YouTube, para darme a conocer en principio, para ver si me salían cursitos, talleres, demostraciones o lo que fuera. Al final, el canal tuvo tanta repercusión que ni siquiera puedo atender ahora talleres, demostraciones ni nada, me dedico exclusivamente al canal de YouTube y a vender cositas por Internet. He montado un negocio en base al canal.

Ahora además ha ganado un premio, ¿cómo se siente?

El año pasado fui el segundo más votado. Este año he sido el más votado, he sido el más pesado, sin duda. Estoy muy feliz y muy nervioso también, he estado histérico hasta el último momento.

¿Cómo logra tener una comunidad tan fiel?

Yo nunca he pagado ninguna promoción de nada, simplemente empecé a hacer mis vídeos, uno cada quince días, con los pasos más básicos del bonsái, y poquito a poco ha ido evolucionando. La gente me ha ido pidiendo más vídeos y ahora voy a dos o tres vídeos diarios.

¿Cree que la clave ha sido sacarle partido a un nicho como el de los bonsáis?

Yo antes trabajaba en una publicación, cuando era guardia de seguridad escribía para una revista especializada. Al final he pasado de eso, de ser una persona que escribe en una publicación especializada, a ser una especie de maestrillo online —soy el friki de los bonsáis entre los youtubers— de las personas que se inician. Sacrifico un poco el respeto de otros bonsaístas, que me miran a veces por encima del hombro para ocuparme de esto, que estaba totalmente abandonado: no había nada para quien se iniciaba en el bosái, todo eran clases magistrales para maestros.

¿Qué tiene el bonsái para resultar tan atractivo?

El bonsái es algo que cuando lo estás trabajando te transmite mucha paz, es algo que es muy relajante. Cuando salía del trabajo, me quitaba el uniforme de vigilante y me ponía a regar el arbolito, ese rato en el que estábamos el árbol y yo era un momento de paz, de relajación absoluta. Tú ves que tu árbol florece, que tu árbol echa frutos, que va madurando, que va creciendo, que va mejorando muchísimo con los años, no como nos pasa a nosotros... Es algo mágico y adictivo.

También tiene ahora un canal de baloncesto.

Sí, bueno, baloncesto, llámalo equis. Yo he jugado al baloncesto toda mi vida y he jugado muy bien, incluso estuve en el 97 jugando en la selección española de las fuerzas armadas profesionales. Lo que pasa es que cumplí 18 años, empecé a trabajar, me fui fuera, estuve en la marina navegando, luego de vigilante, me casé muy jovencito... y por todo eso tuve que dejar de jugar al baloncesto. Y ahora que el canal de YouTube me lo permite y que tengo un poco de tiempo, pues tengo una parcelita con mi canasta de baloncesto y me he propuesto, con ya cerca de 40 años y con 125 kilos, volver a jugar.

En los vídeos se ve cómo me caigo, cómo me asfixio, cómo doy dos carreras y ya estoy sudando, cómo no me salen los ejercicios... Pero poco a poco voy evolucionando. En seis meses aproximadamente he perdido ya 16 kilos, he mejorado las técnicas de tiro, el manejo de balón... La teoría me la sé, lo que pasa es que eso hay que ponerlo en práctica. Yo sí tengo mucha experiencia y mucha formación en bonsáis, en baloncesto hago lo que puedo. Es casi más un proyecto personal que una escuela de baloncesto.

Parece que internet le ha permitido cumplir muchos de sus sueños.

Cuando me quedé en paro yo pensaba que se me acababa el mundo, porque iba a trabajar todos los días y todos los días era que no, porque no había. No ves salida. Empezar después a hacer vídeos para darte a conocer y que al final eso se convierta en el trabajo de uno y en la vida de uno es maravilloso. Además, estoy en mi casa, hago mis vídeos, me lo paso súper bien, tengo de espontáneos en mis vídeos a los gatos y a los perros —que se me cuelan en las tomas y a la gente le divierte—, hay una escuela de bonsáis para peques, niños que me mandan sus dibujos... Yo no podría pedir un mejor trabajo que el que tengo.

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