Un viaje alternativo a la India: los barrios de chabolas se abren a los ojos del turista

  • En la Colonia Sanjay, barriada de Nueva Delhi, viven cerca de 45.000 personas.
  • Una visita guiada a sus laberínticas callejuelas descubre la pobreza de los suburbios de una gran ciudad.
  • La visita al suburbio, con sus 4.500 chabolas, cuesta 700 rupias (10 euros).
Una joven rodeada de sacos llenos de jirones de tela, restos que las fábricas venden a los residentes de la Colonia Sanjay, en Nueva Delhi.
Una joven rodeada de sacos llenos de jirones de tela, restos que las fábricas venden a los residentes de la Colonia Sanjay, en Nueva Delhi.

EFE/Alberto Peña

Las chabolas de la India, los slum, son una oferta diferente de turismo que sumerge a los extranjeros en la realidad de la pobreza de los suburbios de las grandes ciudades, previo pago de un módico precio que se destina a beneficiar a la comunidad. En las laberínticas callejuelas de la Colonia Sanjay, una barriada del este de Nueva Delhi donde viven cerca de 45.000 personas, dos turistas británicos no pierden detalle de lo que les rodea mientras escuchan la explicación de su guía Ravi Kumar.

Con 18 años y un inglés impecable, este estudiante de Comunicación vive en la Colonia Sanjay desde hace 15 años y guía a los turistas hacia el interior de su barrio, un mundo cubierto de telas en cuyas calles se apilan montañas de sacos blancos con material textil desechado que decenas de mujeres clasifican por colores y calidades. "Compran las telas a diez rupias (15 céntimos de dólar) el kilo y, tras clasificarlas por colores, las vuelven a vender a las fábricas a 30 rupias (35 céntimos de dólar) el kilo", explica el guía a los atentos turistas mientras miran un sinfín de jirones de diferentes colores y tamaños.

A medida que la visita, que cuesta 700 rupias (unos 10 euros), se adentra en el suburbio que conforman 4.500 chabolas de ladrillos, las angostas calles y la aglomeración de gente a la hora de comer convierten al turista en parte de este hormiguero, en el que apenas entra el sol por la cercanía de los edificios.

Para mejorar la situación de la comunidad, Ravi compagina sus estudios con voluntariado en la empresa de viajes Reality Tours & Travel, encargada de realizar visitas para extranjeros en estas "favelas indias", tanto en la capital como en Bombay, en las que invierten el 80% de los ingresos que consiguen. "Si tú les das dinero se lo gastarán, si les das educación les das la oportunidad de mejorar sus vidas", explica el director de operaciones de la empresa Pradeep Kumar.

Las visitas a barriadas indias se han multiplicado desde el estreno en 2009 de la película Slumdog Millionaire, basada en la vida dentro de uno de los slum más grandes del mundo, Dharavi, en la ciudad occidental india de Bombay. En grupos de seis personas, Reality Tours & Travel lleva 16 meses introduciendo turistas en la Colonia Sanjay con una doble intención: donar los beneficios y educar sobre este tipo de suburbios para cambiar la idea preconcebida que muchos tienen de estos lugares. "Tratamos de educar a los turistas que vienen a la India sobre las barriadas, porque muchas veces son víctimas del desconocimiento", cuenta su director de operaciones.

Desde que en 1979 se estableciera la Colonia Sanjay en lo que fue un bosque, las calles y viviendas han ido mutando con el aumento de la población y sus necesidades. Los más ancianos del lugar se alegran de ver a los turistas que visitan el suburbio gracias a proyectos como este, conscientes de que suponen una fuente de ingresos extra para la comunidad, y gustan de compartir con ellos un chai o típico té indio en la cantina de la barriada. "Nos parece estupendo que los extranjeros vengan. Tratamos de hablar con ellos pero, entre el hindi y el inglés, el idioma acaba siendo un problema", explica Vijendra Singh, de 50 años y uno de los primeros que llegó al lugar cuando todavía era un bosque.

Una vez terminada la visita de dos horas entre los estrechos y congestionados callejones de la Colonia Sanjay, los turistas comparten opiniones, pero el propósito está cumplido. "Te abre los ojos por la manera en que esta gente ha sido capaz de pasar de lo más bajo de la sociedad y cómo van creciendo", reconoce Nick, uno de los dos británicos que acudió a la visita.

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