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Todo tipo de motivos atraen a la gente a las colas por el iPhone, pero pocos clientes

Desde vender su lugar en la cola, pasando por vender los teléfonos recién comprados por internet, a simplemente participar en el espectáculo.

Los verdaderos fans del codiciado iPhone no abundaban precisamente en la cola formada frente a la principal tienda de Apple en San Francisco un día antes de que se empezara a vender el aparato.

El puñado de oportunistas que habían acampado en la calle hasta el lanzamiento al mercado del iPhone dijeron que sus motivos iban desde vender su lugar en la cola, a vender los teléfonos recién comprados por internet a simplemente participar en el espectáculo.

Pero hasta ahora, los portadores del equivalente en el mundo real de un billete dorado de Willy Wonka dicen que tendrían dificultades para permitirse los 500-600 dólares (de 372 a 447 euros) que cuesta el iPhone y el compromiso de un servicio de dos años que se eleva a al menos otros 1.400 dólares (unos 1.040 euros).

AT&T, la operadora con un contrato en exclusiva para suministrar el servicio en Estados Unidos para el iPhone, ha dicho que sólo venderá uno por cliente en sus tiendas.

Los dos primeros puestos en la cola frente a la tienda Apple de San Francisco lo ocupaban dos amigos que describieron vagamente sus planes para utilizar sus posiciones para financiar la compra de iPhones. En lugar de guardar los teléfonos, pretenden revenderlos rápidamente.

"Podría vender mi puesto para permitirme un iPhone", dijo Jerry Taylor, de 54 años, el primero en la cola.

"No sé que voy a hacer", dijo Mark Baik, de 31, un peluquero local que había sacado una alfombrilla para marcar su segundo puesto.

"Podría venderlo en internet. Es como un cromo de béisbol de valor".

A estos avispados capitalistas callejeros se les unió Eric Eisher, de 23 años, que deambulaba por la cola con un monopatín, un MacBook y un teclado sintetizador de Casio. "Le estoy guardando un sitio a mi jefe. Me paga por ello. Yo no me puedo permitir uno", declaró.

A dos actores callejeros llamados Allen Scott, de 40 años, y Aaron Levkoff, de 41, sólo les atrajo el espectáculo, y dijeron que estaban ahí para entretener a la multitud y no tenían planes de comprarse un iPhone.

Scott dijo que tenían previsto realizar acrobacias para los que entraran y salieran de la tienda y la gente que pasase por el principal distrito de compras de la ciudad. "Va a ser como un circo", aseguró.

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