El Camino de Santiago continúa consolidándose como uno de los mayores valores turísticos y culturales de España. Hace sólo unos días, la Unesco incluyó los Caminos de Santiago del Norte Peninsular en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Las cuatro nuevas rutas del Camino de Santiago que se incorporan son: El Camino Primitivo, que se inicia en Oviedo; el Camino Costero, de 936 kilómetros de longitud; el Camino vasco-riojano, que comienza en Irún; y el Camino de Liébana, ramal que une el Camino con el Monasterio de Santo Toribio. Esta inclusión viene a completar el Camino Francés y las rutas francesas del Camino, reconocidos por la Unesco en 1993 y 1998 respectivamente.

A lo largo de sus once siglos de historia conocida, el Camino de Santiago ha sido una de las vías de comunicación más influyentes y reconocidas de Europa. Esta ruta se transformó además en importante eje comercial y vía de difusión del conocimiento, a través de la cual se introdujeron en el norte de España elementos de la vida social, económica y cultural que impulsaron la aparición de ciudades y villas, y la construcción en ellas de edificios civiles y religiosos, siguiendo los estilos artísticos procedentes de otros países europeos.

El origen del Camino se sitúa en el año 812, cuando se encontraron varias reliquias atribuidas al Apóstol Santiago

El origen del Camino se sitúa en el año 812, cuando se encontraron varias reliquias atribuidas al Apóstol Santiago, quien, según una leyenda de finales del siglo VIII, fue enterrado en las tierras del noroeste de la Península Ibérica que él mismo había evangelizado. Esas supuestas reliquias del Apóstol convirtieron Copostela en un centro de peregrinación que no tardó en hacerse popular en Europa y que alcanzó su máximo esplendor en el siglo XI.

Sin embargo, en el siglo XV, el Camino perdió todo su esplendor a causa de una Europa convulsa que modificó la vida política y social de todo el continente. El declive fue progresivo y, aunque hubo varios intentos de revitalizarlo, no fue hasta finales del siglo XX cuando el Camino de Santiago resurgió con fuerza, más como actividad turística que como perregrinación basada en la fe. El punto de inflexión se produjo en 1993, momento en el que el gobierno autonómico gallego restauró tramos de la ruta, mejoró las infraestructuras para los peregrinos y realizó una gran campaña para publicitar el Xacobeo 93.

Desde entonces, la popularidad del Camino se ha vuelto a disparar. En el primer semestre de 2015, recorrieron el Camino de Santiago un total de 92.565 peregrinos, una cifra que bate el récord del año 2010 (Año Santo), cuando llegaron a Compostela en las mismas fechas 90.884 caminantes. Otro dato significativo: el año pasado los peregrinos eran de 66 países distintos, este año han sido de 107.

Actualmente, el número de caminos se cuenta por decenas. La mayor parte tienen su inicio en la Península. Muchos nacen en Galicia, pero los hay que parten desde zonas distantes como Montserrat, Sagunto, Madrid o incluso Huelva. Tanta pasión genera el camino que incluso existe una ruta ideada recientemente por una mujer y proclamada oficial en 2010. Cuando su padre murió en el Camino de Santiago, Ana Watts, imaginó un camino entre su ciudad, Jávea (Comunidad Valenciana) y Santiago de Compostela. Así nació el llamado Camino del Alba.

También existen multitud de caminos que parten de territorio francés, aunque todos acaban confluyendo en alguna de estas cuatro antiguas vías: Via Turonensis, Via Lemovicensis, Via Podiensis y Via Tolosana. Otro buen número de caminos parten de Portugal, aunque los hay aún más lejanos, desde Austria y Alemania.

Una experiencia vital

En la Edad Media, la religión era la principal motivación de los peregrinos para realizar el Camino de Santiago. En la actualidad, ese factor religioso no se ha perdido, pero existen muchas otras formas de afrontar el viaje. En el camino moderno es posible encontrar encontrar a gente que lo hace por interés cultural, por amor a la naturaleza, por gusto por el deporte, por búsqueda espiritual...

Casi todo el mundo realiza el viaje a pie, pero también existe la posibilidad de hacerlo en bicicleta o incluso a caballo. El trayecto se divide en etapas entre dos poblaciones y cada jornada se pernocta en un albergue, ya sea privado o público (hay uno en cada pueblo y da prioridad a los peregrinos que viajan solos o en grupos pequeños).

El camino está señalizado en muchos puntos con el dibujo de una vieira, que es el símbolo del Camino de Santiago y de sus peregrinos. El motivo es que, antiguamente los peregrinos, al regreso a sus países de origen, llevaban la concha de este molusco típico de las costas gallegas sobre su hábito o en el sombrero  para demostrar que habían llegado hasta Santiago. Ahora, la vieira es una imagen típica del peregrinaje a Santiago.

Otro elemento importante es la credencial del peregrino, una libreta que debe ser sellada en los pueblos por donde se pasa (en las iglesias y albergues). Esos sellos sirven para conseguir alojamiento en los albergues del Camino y, al final del mismo, permite conseguir la Compostela o Compostelana, un certificado expedido por las autoridades eclesiásticas a los peregrinos que concluyen el viaje tras haber recorrido un mínimo de 100 kilómetros a pie o a caballo o 200 kilómetros en bici. Para obtenerla hay que delarar haber realizado el Camino por motivos religiosos o espirituales.

Existe otro documento que sirve de certificado de peregrinación para aquellos que realizan el trayecto por cualquier motivo no religioso: realizar turismo, vivir una experiencia nueva, conocer gente...

Realizar el Camino de Santiago es duro, así que conviene ir preparado. Estos son algunos consejos básicos:

  • Prepárate: No es necesario ser un atleta para hacer el Camino, pero sí es conveniente tener un mínimo de forma física. Si no se hace ejercicio de manera habitual es recomendable acostumbrarse a hacer caminatas unos meses antes de empezar el peregrinaje.
  • Calzado: Es fundamental llevar un calzado que haya sido utilizado previamente: no es un buen momento para estrenar botas nuevas. También es aconsejable llevar unas chanclas para ponerse en los albergues.
  • Equipaje: Dedica un tiempo a planificar con calma lo que llevarás en la mochila. Consulta la predicción meteorológica. En cualquier caso, nunca debería faltar crema solar y un chubasquero que ocupe el menor espacio posible en la mochila.
  • Poco peso: No llenes tu mochila de todo tipo de cosas: llevar muda para tres días es suficiente, ya que se puede lavar en los albergues. Los expertos recomiendan que el peso final no supere los diez kilos.
  • Objetos básicos: El saco de dormir y la esterilla son imprescindibles. También es recomendable contar con un pequeño botiquín, una linterna y un bastón, que ayuda a caminar, aunque pueda parecer molesto.