Las leyes británicas de derechos de autor sobre las grabaciones de sonido deben ampliarse a más de 50 años para impedir que músicos veteranos como Cliff Richard y Paul McCartney pierdan sus regalías mientras viven, según recogió el miércoles un informe.

Los derechos de autor se han convertido en un asunto candente en Reino Unido a medida que expiraba el plazo para viejos éxitos, justo cuando las descargas musicales refuerzan el 'revival' de viejos temas.

Según las normas actuales, los artistas pueden ganar regalías durante 50 años desde el final del año en que se graba el tema.

En comparación, novelistas, dramaturgos y compositores disfrutan de protección del copyright 70 años después.

Si las normas no cambian, el primer éxito de Richard, Move It!, de 1958, perderá la protección en 2009, mientras que otros de The Beatles como Love Me Do superarán pronto la fecha.

"No hemos oído aún una razón convincente por la que un compositor o sus herederos o herederas deban beneficiarse de un término de copyright que se extiende de por vida y más y un artista no", dijo un comité parlamentario de cultura, medios y deportes, en su informe.

"Dada la fuerza e importancia de la industria creativa en Reino Unido, parece extraordinario que la protección de los derechos de propiedad intelectual deba ser más débil aquí que en muchos otros países cuyas industrias tienen menos éxito", añadió.

La protección del copyright para los artistas es de 95 años en Estados Unidos y 70 en Australia.

Una revisión solicitada por el Gobierno y publicada en diciembre rechazó las peticiones de ampliar la protección, alegando que no beneficiaría a la industria.

Sin embargo, el texto de este jueves argumentó que se había examinado la situación desde un punto de vista estrictamente económico y no considerando los derechos morales de los artistas de poseer y controlar su propiedad intelectual.

El comité pidió al Gobierno que abogara ante la Comisión Europea para extender ese período al menos 70 años.

John Kennedy, que preside el organismo IFPI que representa a la industria, celebró el texto al considerarlo un "trato justo" para la industria de la música británica.