Discos duros externos
Los fabricantes sacan a la venta continuamente nuevos modelos de discos duros externos.

Ya sea para complementar un disco duro interno insuficiente, para hacer una copia de seguridad o para facilitar el intercambio de información, los discos duros externos tienen un enorme éxito entre todo tipo de usuarios, pues reúnen velocidad, facilidad de uso y la comodidad de una instalación y desinstalación instantánea, lo que permite guardar el disco en lugar seguro o reemplazarlo por otro siempre que se quiera.

USB, Firewire y de red

Hay tres tipos de discos duros externos, dependiendo de cómo se conecten al ordenador.

Los USB son los más comunes. Deben ser USB 2.0, pues de lo contrario la velocidad de transferencia sería mucho más lenta. Se conectan directamente a cualquier puerto USB del ordenador.

Los Firewire, de velocidad similar, también se conectan de forma directa al ordenador a través de un puerto Firewire, también conocido como i-Link o IEEE-1394. Son menos comunes porque este puerto no es habitual en los PC de sobremesa, aunque casi todos los portátiles y todos los Mac lo incluyen.

Los discos de red, o Ethernet, no se conectan al ordenador, sino directamente a la red local. Esto permite acceder a ellos desde cualquier ordenador de la red, aunque los demás estén apagados.

Capacidad: El tamaño sí importa

Según el uso que le vayamos a dar, nos interesará más un disco grande, de alta capacidad, o de menor capacidad, pero más pequeño –y también más caro–.

Los discos externos de sobremesa utilizan uno o más discos iguales que el que monta el ordenador en su interior (de 3,5 pulgadas). Se pueden encontrar con capacidad de hasta dos terabytes (2.000 gigabytes).

En los modelos portátiles hay una gran variedad de modelos, según el diseño de su carcasa y su grado de miniaturización.

Los equipos ultraportátiles utilizan discos de una pulgada y hasta 5 GB de capacidad o bien memorias de semiconductor como los PenDrive.