La Palma, la bonita sinfonía de los elementos

  • Allí donde los montes y los bosques le ganan la partida a las tópicas playas, que también las hay de hermosa arena negra.
  • La Isla Bonita, la llaman: punto de encuentro de Tierra, Fuego, Agua y Viento.
Una fértil sinfonía de los elementos, un deleite canario para los sentidos.
Una fértil sinfonía de los elementos, un deleite canario para los sentidos.
FLICKR/Aysha Bibiana Balboa

Del libre albedrío de la más espontánea labor de alfarería volcánica, nace una fértil sinfonía de los elementos, un deleite canario para los sentidos. Así es La Palma. Un punto de encuentro para Tierra, Fuego, Agua y Viento. Una reserva de la biosfera desde su cristalino sótano hasta su ventoso techo. Y también una ventana al universo gracias a sus futuristas telescopios, hasta nueve, que se aprovechan de sus limpios cielos y las particularidades de un enclave como el de los Roques de los Muchachos.

La Isla Bonita, la llaman. Y dicen que sólo las ínsulas de Pico, en las Azores, y Fogo, en Cabo Verde, están por delante en la altura máxima que alcanzan en relación con su superficie. Aquí, en 708,32 km² se llega a los 2.425 m. Pero lo cierto es que en La Palma, los abismos, los curveos y las pendientes relativizan las prisas y fomentan los vértigos.

Del tira y afloja entre erupciones y erosiones varias, qué mejor ejemplo, la Caldera de Taburiente, intimidante por esa muralla de hasta 1.000 metros de caída que separa la zona baja del circo montañoso que, entre los 1.700 y los 2.400 metros sobre el nivel del mar, la rodea durante casi una treintena de kilómetros en un geológico amago de circunferencia. ¡Ah, del arte de esos pastores que devoraban sus senderos, ahora arriba, ahora abajo, salvando desniveles armados con un robusto palo!

Desde el Mirador de los Andenes, el mundo queda a nuestros pies si las nubes, asiduas, no se quedan atrapadas en su interior. Sin duda, una maravilla natural que desde 1954 es Parque Nacional.

Dos faros hermanos

En el oeste, por los pagos de Los Llanos de Aridane, encontramos la orografía más benigna. De los 80.000 habitantes de La Palma, aquí se concentran casi 21.000, unos 4.000 más que los censados en la capital, Santa Cruz de la Palma, en el este. El resto se reparte entre sus otros doce municipios. El conjunto de los Llanos, una transición desde la montaña hasta el mar donde manda el verde de las explotaciones agrícolas (fundamentalmente de plátanos) y el Barranco de las Angustias hace de desagüe natural, bien merece un vistazo en el Mirador de El Time.

Y no muy lejos hacia el sur, o sí, dadas las reviradas carreteras, está la Punta de Fuencaliente, en cuyo entorno de reciente origen volcánico sobreviven unas salinas tradicionales y dos faros casi vecinos. Su convivencia nació tras la última erupción volcánica, la del Teneguía en 1971, que amenazó el más viejo, obra de 1903.

Del tsunami de la BBC

Las estadísticas, y los lugareños con ese acento tan musical, dicen que nadie ha fallecido jamás en las diferentes erupciones vividas en una isla volcánicamente activa. La BBC, en 2000, alertó en un documental que la isla, por una falla que sí existe, se partiría y provocaría un enorme tsunami que en horas tocaría América. Una posibilidad muy futura... de tantas.

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