Sonia Fornieles Directora de mujer.es
OPINIÓN

La redacción, ese lugar

Equipo de redacción de informativos en la serie The Newsroom
Equipo de redacción de informativos en la serie The Newsroom
HBO
Equipo de redacción de informativos en la serie The Newsroom

Todo el mundo debería estar al menos una vez en su vida en una redacción. Hasta los que aman el silencio y trabajar con la calma que les da un despacho, hasta quienes necesitan no compartir espacio ni recibir estímulos para concentrarse.

La primera vez que pisé una redacción fue la del periódico La Crónica, en Almería, y ahí supe que aquella sería la primera de muchas y que una redacción sería mi lugar en el mundo. Tenía todo lo que yo necesitaba para reafirmarme en que no me había equivocado. Además, también tenía ruido, conversaciones cruzadas, dedos tecleando, el sonido de la radio, de la televisión… el paraíso de los amantes de la meditación consciente, vaya. Luego conocí la de Onda Cero, en la misma ciudad, más pequeña, pero igual de adictiva.

Una redacción no es una oficina. Una redacción es un lugar en el que aprender. Aprender a escuchar, a preguntar bien, a despertar la curiosidad, a cuestionarte todo, a querer saber, a resumir, a titular y, sobre todo, a informar. Una redacción es un lugar en el que, si estás terminando de escribir o montar un tema, no oyes nada aunque el ruido que te rodea sea atronador; en el que sales de un atasco con un titular o un enfoque gracias a la ayuda de compañeros y compañeras. Es ese lugar en el que las noticias buenas se aplauden en grupo y las malas instauran un efímero y engañoso silencio en el ambiente.

Las preguntas al aire, esperando o no respuesta; las puestas en común, los "dale una vuelta a este tema" (que tantas veces he oído y procuro no decir porque soy más de concretar), la satisfacción de poner un punto y final, la certeza de que has hecho un gran trabajo y la certeza también de que el artículo que acabas de entregar vas a tener que rehacerlo de arriba abajo. Hay días y días.

A vencer el miedo, la timidez y la frustración también se aprende en una redacción.

La semana pasada fue el día del Periodista y no le dediqué ni una palabra este oficio porque estaba en una rueda de trabajo que no me dejó salir del carril. Porque una redacción también es eso: jornadas que no acaban (a veces ni empiezan porque tienes la sensación de que sigue siendo ayer), seguir trabajando cuando has terminado de trabajar, prisas, ansiedad porque no te da tiempo a producir, ansiedad porque de repente has parado a comer y no estás produciendo, rabia cuando se ‘cae’ un personaje, esa entrevista que no te conceden, ese dato que no llega, esa fuente que no quiere seguir siéndolo…

Hoy quiero resarcirme y por eso le dedico esta columna al lugar donde todo ocurre, a esta profesión tan maltratada y a quienes la ejercemos. Ojalá ser periodista vuelva a ser de una forma incuestionable sinónimo de dignidad, profesionalidad y rigor.

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