Teresa Viejo Periodista y escritora
OPINIÓN

María Teresa Campos, la buena maestra

María Teresa Campos (TELECINCO).
María Teresa Campos (TELECINCO).
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María Teresa Campos (TELECINCO).

No existe buen maestro sin curiosidad, sin esa tozudez de probar y experimentar hasta dar con la fórmula que capte la atención y la retenga de forma hipnótica, y ella la tuvo incluso cuando ni el cuerpo ni la cabeza acompañaban a sus ganas de seguir comunicando. Ha muerto María Teresa Campos, mi maestra siempre.

Yo era una reportera musical de pocos años y menos experiencia y ella una profesional bregada en la radio, impecable dirigiendo informativos y muy creativa en el entretenimiento, que iniciaba un nuevo proyecto en TVE. Llamé a su puerta, pedí trabajo en aquel "Pasa la vida" en las tardes de la pública y su respuesta, tras mostrarme una mesa en la redacción, fue ya estás tardando. Lo que aprendí se convirtió en un sólido andamiaje sobre el que he ido colocando ladrillos después. Sin sus cimientos no sería la misma.

Dice un proverbio oriental que solo cuando está preparado el alumno aparece el maestro, sin embargo hay discípulos muy dispuestos que se topan con profesores poco hábiles y su inspiración se desinfla. No toda semilla prende en la tierra. Qué va. Se precisan algunas condiciones para germinar, por ello la curiosidad facilita que algo pasable se convierta en excelente. Aplicada a la comunicación, es la que nos lleva a abrir muchas puertas e indagar qué hay tras ellas, por incierto que parezca el camino.

Hay discípulos muy dispuestos que se topan con profesores poco hábiles y su inspiración se desinfla. No toda semilla prende en la tierra.

María Teresa ha sido un prodigio en la televisión. Se precisan menos prejuicios y más generosidad para ponderar como merece a esa periodista de instinto y finísimo olfato, a esa saltimbanqui en el directo recorriendo el plató encaramada a unos tacones imposibles que le costaba dominar, porque el físico fue siempre una de sus batallas, a esa improvisadora nata dotada de una rapidez mental apabullante y un humor depurado. Yo veo en todo ello el efecto de la curiosidad, entendida como esa fortaleza que nos empuja a explorar nuevas experiencias cuando otros nos dicen "¿Y por qué no te conformas con lo que has logrado?", pero el cosquilleo de la curiosidad alumbra inconformistas que no se resignan, en la hipótesis de que todo es siempre mejorable.

E igual que el investigador se ofusca si el resultado de su experimento no es el esperado, he visto a Mª Teresa lanzar escaletas por la ventana cuando el programa no alcanzaba el diez que rastrean con obsesión los grandes comunicadores. Ojo, que también la he visto llorando de risa y abrazando hasta las lágrimas, porque ella era visceral en todo, incluyendo sus afectos. Me recuerdo sentada junto al escenario, observándola seducir a cámara, acercándose al público ("Hay que saludar y agradecer que estén con nosotros antes de empezar el programa", era un mantra que después me he descubierto repitiendo yo misma a mi equipo), cambiando el orden de una sección en directo porque ella detectaba mejor que nadie cuándo un contenido perdía interés, y creo que esa energía suya no morirá nunca. Que su fuerza en el imaginario colectivo sobrevivirá al desgaste del tiempo, porque Mª Teresa fue una mujer moderna hasta sus ochenta y dos años. Existen personas que se agostan a los treinta y otras que conservan la vanguardia en su ADN.

Esa saltimbanqui en el directo recorriendo el plató encaramada a unos tacones imposibles que le costaba dominar, porque el físico fue siempre una de sus batallas

No sé si a ella le gustaría ser recordada como una maestra, pero lo fue. No solo tutelaba a profesionales de la comunicación, con quienes desplegaba una habilidad de ojeadora porque qué destreza para detectar el talento en incipientes comunicadores, sino que se convirtió en referente de millones de mujeres cuya imagen les empoderó. Esa señora madura de aspecto normal utilizaba la pantalla para hablarles al oído y sugerirles que se fijasen en ella, que aún había vida por delante, que vistieran colores alegres, se maquillaran, salieran a la calle y dejaran de ser invisibles. Aquel mensaje traspasó la pantalla, entonces su vida pública y privada se fundieron de tal modo que Mª Teresa se transformó en la Campos y se erigió en personaje. A partir de ahora, será leyenda. Para mí, siempre mi maestra.

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