Teresa Viejo Periodista y escritora
OPINIÓN

El proveedor

Existen hombres que venden su esperma a través de aplicaciones
Existen hombres que venden su esperma a través de aplicaciones
UNSPLASH
Existen hombres que venden su esperma a través de aplicaciones

Además de las aplicaciones para ligar, hay webs y apps a disposición de las personas que buscan tener hijos sin necesidad de mantener un vínculo, ni emocional y, a veces, ni siquiera físico. En realidad, la mayoría son mujeres que desean ahorrarse el trámite y los costes de una inseminación artificial en un centro acreditado, así como disponer de cierta "trazabilidad" del semen en cuestión. He conocido a un donante en una de ellas y, tras escuchar su relato con gran curiosidad, lo comparto con vosotras.

Mr. XXL -le presento así porque, según él, su esperma es infalible, "de talla superior"- rebasa la treintena, tiene formación universitaria y encadena contratos basura. Deduzco que con un trabajo tan famélico le vendría bien cobrar por sus servicios, pero él insiste en que lo hace por el bien común. "En realidad, es por compasión", asegurando que lo suyo rebasa la empatía porque las mujeres que desean un hijo y no encuentran la pareja adecuada, sienten una herida que solo la cura el embarazo. Y él lo facilita sin más trámites que los mensajes en la web y la entrega de su semen. Ni dinero ni contacto físico. "Si las penetrara se me pegaría ese enredo femenino que viven las mujeres cuando desean obsesivamente la maternidad. Solo quiero que digan si ha funcionado o no".

Mr. XXL tiene pareja y no es de su mismo sexo. Sí lo sabe, incluso le ayuda al trámite de "extracción". ¿Qué piensa ella? "Que soy un máquina".

El proveedor de semen tiene su foto colgada en la web. Me la enseña, así que le pregunto si le han reconocido alguna vez por la calle porque la suya no es una ciudad grande. Él dice que no eyacula a menos de doscientos kilómetros de su domicilio, no sea que en el fututo coincidan en el mismo colegio varios de sus hijos; eso sí, las mujeres se encargan de sufragar sus gastos durante los desplazamientos.

"Soy un banco de semen volante", asegura mientras le da la risa y a mí me entran unas dudas más que razonables. Si no existe un registro de sus donaciones, ¿quién le asegura que sus hijos no se conozcan el día de mañana? ¿Avisa a las mujeres de cuántas ha fecundado antes y si son perfiles similares? Si no funciona a la primera, ¿vuelve a intentarlo? ¿Cómo se acompaña a esa mujer o mujeres, si se trata de una pareja, en la desilusión de no haberse fraguado el embarazo? El donante se desentiende. Bastante tiene con asegurar que sus bichitos estén bien nutridos, dice él.

La Ley de Reproducción Asistida establece que el número máximo de hijos a partir de un mismo donante no puede ser mayor de seis y me digo que este proveedor de esperma va de farol, seguro. Por otra parte, posee unos rasgos tan anodinos, como si hubieras visto su cara una y mil veces antes, que podría pasarse media vida haciendo hijos y quién se atrevería, sin una prueba de paternidad, a confirmar que son suyos. Me recuerda a la clara de huevo, que levanta cualquier receta y apenas deja sabor en ellas.

Como ves, la curiosidad quita los velos de allí donde no suele posarse nuestra mirada. Formula preguntas en torno a lo que antes ignorábamos. Agita nuestra atención y conduce a un estado de pensamiento cuya misión es enriquecernos. Robustece nuestro criterio y crea nuevas ideas y opiniones. Como las que inspira Mr. XXL.

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