Teresa Viejo Periodista y escritora
OPINIÓN

Y tú ¿quién dirías que eres?

Mujer astronauta
Mujer astronauta
Getty Images/iStockphoto
Mujer astronauta

¿Que quién soy yo? Desde luego no una periodista, ni una escritora. No soy un cargo o un nombramiento puntual. Ni una etiqueta que condense la idea de un oficio. Si me apuras puedo ser meditadora intermitente y monógama sucesiva, repostera de amagos de bizcochos, jardinera, paseadora por orillas de mar, probadora de tés, coleccionista de lupas e historias, descubridora de seres increíbles que, mejor que en mi agenda, guardo en el corazón, pero nada de esto aparece en una tarjeta de visita que, por cierto, no poseo. ¿Por qué nos reducimos a un membrete? ¿Por qué nos presentamos a los demás aludiendo a lo que hacemos y no a lo que somos?

El viernes, durante una formación, invité a los participantes a que se presentaran mencionando, no su cargo en la empresa ni sus estudios universitarios, sino algo que les definiera de forma especial. Esta práctica no es fácil, lo sé. Requiere de curiosidad para indagar en nuestro interior desbrozando la maleza, porque no siempre damos con características que nos agradan, compasión con lo incómodo y aprecio hacia lo valioso. A su vez, siempre hay un rasgo que nos identifica y por el que somos singulares, se trata de verlo y ponerlo en valor. En la rueda de presentación una alumna dijo "Soy una astronauta a la espera de mi oportunidad de viaje interestelar" y los demás se echaron a reír. Sin embargo, la suya fue la frase más conectada con su esencia, lo que entendieron sus compañeros tras las risas.

Lo que en verdad somos proyecta tanto la forma de entender el mundo como nuestras fortalezas y, en especial, aquello de lo que debemos sentirnos orgullosos.

Tras la formación comentaba con una amiga la anécdota y, a modo de juego, nos pusimos a nombrar destrezas propias. Por inercia ella empezó a relatar aquello que le costaba la vida, pero que lograba al final. "Eso no es un don, sino una condena -dije yo-. Piensa en algo que hagas sin esfuerzo, de forma intuitiva y que reporte mucha satisfacción a ti y a los demás". Mi amiga reflexionó unos instantes antes de decir "mi capacidad de conectar personas me nace de forma natural y soy feliz cuando ayudo gracias a ella. Pero, ¿cómo va a ser eso una fortaleza si no me cuesta nada activarla?". Precisamente por ello cada ser humano posee atributos únicos que, de aceptar la necesidad de usar etiquetas para presentarnos unos a otros, deberían de compartirse a modo de tarjeta de visita. "Hola, soy una prodigiosa conectora de personas" debería de decir mi amiga en lugar de contar que posee un alto cargo en una empresa del sector sanitario. Lo que hace no habla de lo que es, pero sí genera en los demás un cliché que nos encorseta en un cargo o una profesión, y que, además, alimenta los prejuicios. 

Piensa en algo que hagas sin esfuerzo, de forma intuitiva y que reporte mucha satisfacción a ti y a los demás

A veces, durante mi trabajo en televisión, me costaba contar que buena parte de mi tiempo transcurría en ella a sabiendas de que el prejuicio en torno al medio terminaría contaminándome. Argüir "soy influencer" es tanto como imaginarse a alguien más bien cortito posando en las redes sociales, cuando puede tratarse de una investigadora y divulgadora científica divulgando su tarea; conozco a más de un caso.

La curiosidad disuelve las etiquetas. Anima a abrir la mente lejos de ideas preconcebidas, por tanto… ¿qué te parece si a partir de ahora te presentas hablando a los demás de los que eres en lugar de lo que haces? Su respuesta te sorprenderá. 

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