Ciudadanos de segunda

Aun siendo cierto que la obligatoriedad del uso del catalán es enfermiza, y que con multas no se aprende una lengua, no se puede usar una cámara oculta tendenciosa para demostrarlo. La forma quitó valor al fondo. En Catalunya no se vive acosado por el catalán, igual que en Madrid los catalanes trabajamos y vivimos sin problema. La mayoría de ciudadanos de uno y otro lugar se entienden de maravilla, la distorsión la crean algunos partidos por interés electoral y algunos medios para aumentar su audiencia con demagogia.

No nos engañemos, la verdadera embajadora catalana en Madrid es la Caixa, nos guste o no ella nos une a todos. En Madrid abundan los restaurantes catalanes y el pa amb tomàquet a la madrileña (con el tomate triturado por encima) ocupa las mejores mesas. Incluso el Ayuntamiento de Barcelona contrata a empresas publicitarias madrileñas sus campañas de autobombo que pagamos entre todos. Ante el negocio no hay idioma que les separe. La pela es la pela. Ante ella los himnos, las banderas y los idiomas están de más.