La palabra amor está "desgastada"
El Papa alertó de que la palabra amor está hoy tan "desgastada, consumida y abusada" que casi da miedo pronunciarla, pero no se puede dejar perder porque es "expresión de la realidad primordial".
La palabra amor tiene que ser "purificada y llevarla de nuevo a su esplendor original, para que pueda iluminar nuestra vida y llevarnos por el buen camino".
Benedicto XVI dijo que la conciencia de esa necesidad de recuperar el verdadero significado de la palabra amor es la que le llevó a escoger ese tema en su primera Encíclica.
El amor de Dios "no es sólo una fuerza cósmica primordial" que mueve el universo, sino que le empujó a "asumir un rostro humano", su carne y su sangre, recordó.
El papel de la fe en Dios
Otro de los objetivos del Papa era destacar el papel central de la fe en Dios, que "no es una teoría que de la que uno se pueda apropiar o dejar de lado".
La fe es "el criterio que decide nuestro estilo de vida", pues en un mundo en el que "la hostilidad y la avidez se ha convertido en superpotencias" y en el que se contempla "el abuso de la religión hasta la apoteosis del odio", el hombre necesita de "un Dios vivo", que "le ha amado hasta al muerte".
La primera encíclica de Ratzinger pone juntos los temas de Dios, cristo y el amor como "un guía central de la fe cristiana", explicó en su discurso.
La intención del Papa es mostrar "la humanidad de la fe, de la que forma parte el amor, el 'sí' del hombre a su corporeidad creada por Dios".
Esa aceptación de la corporeidad encuentra "en el matrimonio indivisible entre un hombre y una mujer su forma radicada en la creación", de manera que después el amor se transforma en "ágape", es decir se convierte en preocupación hacia el otro, disposición al sacrificio y apertura al don de una nueva vida humana.
Sin embargo, el ágape no puede quedarse en algo estrictamente personal, sino que debe convertirse en "un acto esencial de la iglesia como comunidad a través de la caridad", que forma parte de la naturaleza de esta institución.
La caridad
Por caridad se entiende normalmente ayudar al prójimo, pero también supone "comunicar a los otros el amor de Dios, que nosotros mismos hemos recibido", indicó.
Ratzinger señaló que la caridad no es sólo filantropía sino también llevar a Dios como don al que sufre y cuando más consciente se sea de ello "con más eficacia nuestro amor cambiará el mundo y despertará la esperanza, una esperanza que va más allá de la muerte".
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