Pero en realidad es peor: las empresas pierden dinero, satura las redes, ralentiza la conexión de los usuarios y lacera la utilidad del email Combatir el spam no es sencillo: la ley se ha mostrado ineficaz y los programas anti-spam insuficientes.
Los spammers campan por sus respetos porque mudan la piel más que las serpientes; no respetan fronteras y cambian constantemente de remitente (o secuestran la libreta de direcciones para enviar basura) y ‘asunto’ del mensaje para burlar los filtros.
Una vez más, se exige al internauta ser la primera línea en la batalla par hacer la vida más difícil a los spammers.
Con un pardillo basta
¿Cómo es posible que algunas empresas sigan ‘espameando’ sin piedad si es una práctica tan deplorable? La razón es bien sencilla: enviar 40 millones de correos electrónico sale casi gratis (al spammer), así que con que un sólo destinatario caiga, el negocio es rentable.
Y eso es, desgraciadamente, lo que ocurre. Para erradicarlo bastaría rechazar de plano cualquier mensaje comercial no solicitado. Sin contemplaciones.
El 'spam' de los amigos
Dentro de la basura se puede encontrar mucho más que pornografía, medicamentos milagrosos o negocios imposibles.
Hay otro detritus más pernicioso para el receptor, que contiene fraudes o formularios para robar datos. Y una tercera categoría en la que entrarían los mensajes en cadena, pirámides, leyendas urbanas... menos dañina pero igual de detestable.
Tampoco es despreciable el spam de los amigos. A nadie le falta un colega que reenvía indiscriminadamente, a todos sus contactos, cualquier chorrada que le llega. Y si contiene un archivo adjunto de varios megas con muchas tetas, pues mejor que mejor. A no ser que tengas tiempo y ancho de banda de sobra, dile a tu amigo que nos haga un favor a todos y deje la Red libre para otros menesteres.
Mima tu dirección
No basta con borrar el spam: la mitad del daño ya lo ha hecho al saturar los servidores. Hay que evitar que llegue a nuestro buzón tomando algunas precauciones que se resumen en una: cuida tu dirección de correo como un tesoro. Eso se traduce en:
- No coloques tu dirección habitual en chats o foros; recibirás spam al instante.
- Si necesitas poner el email en alguna web, no dejes que los
robots la capturen: escríbela sobre una imagen o pon ‘at’ o ‘arroba’ en
lugar de @.
- Si te registras en un sitio web mira que no te apunte por defecto a boletines comerciales.
- No reenvies mensajes en cadena; nunca sabes en que manos
caerán. Al enviar el mensaje a varios destinatarios, utiliza la línea
de 'copia oculta'.
- Utiliza los filtros y reglas de mensaje del gestor de correo (Mozilla Thunderbird filtra el spam de maravilla) o instala un programa anti-spam (algunos anti-virus lo incluyen).
Con guantes goma y mascarilla
El spam apesta: el remitente es desconocido, el asunto es llamativo y dentro encontrarás ofertas irresistibles. Si lo recibes, cógelo con papel de fumar: basta con abrirlo para que nuestra dirección cante como buena y sea bombardeada sin piedad.
Responderlo, jamás; y tampoco hacerle caso ni pinchar en ningún enlace que contenga, pues nos pueden estafar o instalarnos algún programa malicioso. Y si te pones activista, identifica ante el proveedor o el correo-web (Yahoo!, Hotmail, etc.) a los spammers recalcitrantes.
Bromas, leyendas urbanas, bulos... Descubre aquí todo sobre el 'hoax'.
¿Alguna duda? Haznóslas llegar mediante los comentarios. El autor del artículo o los propios internautas te echarán un cable.



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