Y un año después trabajan en el buscador BackRub, que en 1997 adopta el nombre Google (por ‘googol’: un 1 seguido de 100 ceros). A pesar de vivir flotando en la burbuja tecnológica, Brin & Page no consiguen ninguna oferta interesante por su invento —cuentan que Yahoo! rechazó Google a cambio de un millón de dólares—y deciden tirar por su cuenta, montando los equipos en el dormitorio de uno y la oficina en el del otro.
Su robot continúa indexando millones de páginas y tienen que romper varias veces el cerdito y pedir dinero a familiares y amigos para comprar discos duros. Por fin, en 1998, conocen al cofundador de Sun y vicepresidente de Cisco Systems, que, antes de que terminen de contar su historia, les extiende un cheque de 100.000 dólares a nombre de Google Inc. Así que tienen que crear la empresa para ingresar la pasta.
Ha salido a bolsa con tanto éxito —ya vale 54.000 millones de dólares, casi 10.000 más que Yahoo!— que hasta alguno dice que está volviendo a hinchar la burbuja. Mientras extiende tentáculos por doquier mantiene la imagen de empresa cool, donde los empleados geeks llevan al perro a la oficina y juegan al ping-pong mientras no dejan de parir nuevas ideas.
Pero lo mejor es que los resultados son ‘buenos’: su PageRank —un algoritmo ‘democrático’ que valora una página en función del número de enlaces que apuntan hacia ella— ha convencido a los internautas.
Detrás de otra de sus grandes virtudes, la velocidad, están 20.000 ordenadores situados en varios puntos del planeta que trabajan con Linux, capaces de responder a 2.000 búsquedas por segundo.
Y además es generoso: mediante el sistema AdSense, cualquier sitio web puede poner anuncios de texto.
Su popularidad ha cambiado Internet: todo se mueve alrededor de un buscador que dirige más de la mitad del tráfico de la Red.
Para ser alguien hay que aparecer en la primera página de Google, tarea en la que se afanan todos los webmasters y que ha generado múltiples negocios en torno al ‘posicionamiento’ —tú me pagas y yo te subo en Google— y no pocas trampas: existen ‘granjas de enlaces’ (combatidas y penalizadas por Google) o páginas huecas creadas por una empresa que cobra por enlazar desde ellas.
Conoce aquí todas las herramientas y utilidades de Google.
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