Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han desarrollado un dispositivo capaz de eliminar los temblores incontrolados provocados por enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer.
Se usa un casco de encefalografía que detecta la intención del movimiento del usuario
El sistema, que fue presentado este miércoles en Zaragoza con motivo de la reunión informal de ministros de la Unión Europea con competencia en discapacidad, se basa en una 'neuroprótesis' que es capaz de identificar si la persona está temblando, y si quiere ejecutar movimientos voluntarios o no, en cuyo caso, a través de estimulación eléctrica funcional, estabiliza el temblor.
El prototipo consiste en un conjunto de sensores que son capaces de medir toda la cadena de generación de movimiento, desde el origen de la 'orden' en el cerebro, hasta su ejecución. "Se usa un casco de encefalografía que detecta la intención del movimiento del usuario".
"Además, tiene electrodos que miden la actividad muscular, de modo que también se puede saber cuándo se está moviendo y, mediante otro tipo de sensores, cómo es ese movimiento", explica Eduardo Rocón, investigador del CSIC asociado al proyecto.
Detecta también qué tipo de movimiento realiza el sujeto: voluntario o involuntario
Esto es importante porque el sistema sólo elimina los temblores si van a interferir con el movimiento, a fin de no cansar el músculo, añade. En este sentido, el dispositivo elimina el temblor de dos formas.
"La primera es estabilizando el brazo, en cuyo caso lo que se hace es forzar la rigidez del músculo para que sea el propio brazo el que filtre los movimientos temblorosos", explica el responsable del proyecto, José Luis Pons.
"La otra forma consiste en actuar en contrafase: si se detecta que el brazo está temblando en una dirección, se aplica una acción que lo mueve en dirección opuesta, de forma que la suma de ambos produzca estabilidad", apunta este experto.
En cinco o 10 años podría estar en el mercado
Sobre su posible salida al mercado, los investigadores estiman que a finales de año terminarán las pruebas con pacientes, que se están llevando a cabo en Bélgica, Reino Unido y España.
"Es difícil de predecir, ya que depende en parte de la reacción de la industria. En cualquier caso, en un plazo de cinco o diez años puede haber una solución de este tipo en el mercado", aventura Rocón.


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