Para llegar a tal conclusión, los autores del estudio se valieron de una prueba muy sencilla: pidieron a 208 hombres y mujeres jóvenes que seleccionaran lo más rápidamente posible su color preferido entre una serie de rectángulos coloreados que se les presentaban por parejas.
Para descartar que en la elección influyese el tema cultural, entre la mayoría de voluntarios británicos se incluyó a 37 personas de origen chino que habían llegado recientemente a Reino Unido.
La diferencia era tal que los autores eran capaces de adivinar si el participante había sido hombre o mujer al analizar sus preferencias.
Cazadores versus recolectoras
La explicación de esta diferencia en la preferencia cromática podría proceder, según los autores del trabajo, de la época en la que los humanos eran cazadores y las mujeres recolectoras, de manera que éstas tenían necesidad de indentificar los frutos maduros, normalmente de un color rojizo.
"La evolución podría haber llevado a las mujeres a preferir los colores rojizos, como las frutas rojizas o las caras rojizas saludables. La cultura podría aprovechar y aumentar esta preferencia femenina natural", explica Anya Hurlbert, directora del estudio.




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