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Los futuros médicos apenas tienen cadáveres para practicar

Los valencianos no parece que tengamos demasiado claro eso de «lo que se han de comer los gusanos, que lo disfruten los humanos».

Las donaciones de cadáveres a la ciencia aumentan año tras año pero siguen siendo insuficientes, según advierte el catedrático de Anatomía Humana de la Facultad de Medicina de Valencia, Francisco Martínez Soriano. A su juicio, mucha gente desconoce que existe esta opción.

Las universidades de Valencia y Elche, que son las únicas instituciones autorizadas para la captación, reciben 20 y 80 cuerpos al año (de media) respectivamente. Esta cifra es ínfima si se compara con la que manejan otras autonomías: sólo el Hospital Clínico de Barcelona recibe unos 100 al año. 

Quienes estudian para ser médicos y los que habiendo acabado la carrera emprenden los cursos de postgrado utilizan estos cadáveres para hacer prácticas: «No se mutilan. Se usan para investigaciones del sistema nervioso, locomotor

 20

cuerpos

se donan a la ciencia en Valencia de media anual. En Elche, 80 más o menos   
, para técnicas quirúrgicas...», comenta Martínez Soriano.

Aunque los cadáveres se embalsaman y duran años, su reutilización es limitada y, como no se pueden importar de otras comunidades o países, faltan.

Los recortes no los sufren los universitarios (sus profesores se cuidan de proporcionarles la mejor formación práctica), pero sí los que han terminado la carrera y se embarcan en estudios de especialización: «Éstos o no hacen prácticas o se ven limitados», lamenta este catedrático. 

Los extranjeros son más generosos

En la Comunidad, donan sobre todo los inmigrantes (igual hombres que mujeres): «En Alicante hay más donaciones por la población flotante. El 95% de los extranjeros dona porque culturalmente está más concienciado y para ahorrarse la repatriación», cuenta Martínez Soriano. Cualquiera puede ser donante, salvo quienes sufren una enfermedad infectocontagiosa (sida, por ejemplo). Basta con rellenar un documento y una tarjeta (parecida a la de donación de órganos). Es un acto voluntario y reversible, es decir, que uno puede echarse atrás. Además, si la familia del donante se niega a respetar su voluntad, prevalece su opinión sobre la del finado. La donación no tiene ningún coste para el fallecido, más bien al contrario: si no tiene medios o familia, su entierro (en nicho o en fosa) lo costea la universidad.   

 

Dinos

¿Donarías tu cuerpo a la ciencia?

nosevendevalencia@20minutos.es

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