Así lo aseguraron hoy especialistas de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN), donde hace dos meses se realizó la intervención, consistente en la extirpación del maxilar inferior y su sustitución por un trasplante de hueso de su peroné, acompañado de su propia arteria y vena, lo que asegura la vascularización y que, a diferencia del injerto, el hueso siga vivo.
De hecho el niño "está ahora en su casa haciendo una vida completamente normal", señaló el director del departamento de Cirugía Oral y Maxilofacial de la CUN, Carlos Concejo, quien explicó que el paciente padecía un querubismo producido por un tumor de mandíbula.
El querubismo es una afección "rara, aunque no excepcional", normalmente de tipo congénito, y que habitualmente consiste en el lento crecimiento anormal de la mandíbula, que suele parar cuando el paciente deja a su vez de crecer.
"Raramente hay que intervenir", reconoció Concejo, quien explicó que sí era necesario en este caso porque hubo un "crecimiento explosivo" que hizo que el tumor llegara en pocos meses a 10 centímetros de diámetro y 400 gramos de peso, lo que auguraba graves efectos psicológicos y funcionales en el niño si continuaba la evolución.
El acto quirúrgico consistió en extirpar de ángulo a ángulo la mandíbula, totalmente destruida por el tumor, y sustituirla por un trasplante de hueso del peroné, "el más parecido estructuralmente a lo que sería una mandíbula", y que se llevó al nuevo emplazamiento con su arteria y su vena para unirlas a las del cuello, lo que asegura la vitalidad propia del hueso en todo el proceso, valoró el director del servicio de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora de la CUN, Antonio Bazán.
En cuanto al peroné sacrificado, explicaron que el paciente a posteriori "no tendrá ningún problema en la pierna" al haber sido extraído respetando las partes más cercanas al tobillo y a la rodilla, los factores de crecimiento, por lo que "no pasa nada ni estética ni funcionalmente", de forma que en la actualidad el niño habla, ingiere alimentos, y anda y practica deporte como cualquiera.
Además, al haberse hecho las cicatrices en el interior de la boca, el resultado estético mejora considerablemente, si bien habrá que esperar un tiempo para que el exceso de piel que ya no cubre el abultado hueso se retraiga por sí misma, un proceso que facilita la edad del paciente, con una piel flexible que favorecerá que en unos meses el aspecto sea normal.
En cuanto al futuro, Concejo señaló que habrá otras intervenciones, ya que pese a que "ahora hemos hecho un hueso y le hemos dejado una mandíbula un poco más grande de lo normal, previendo el crecimiento", con el tiempo se necesitará, "con técnicas mucho más sencillas, alargar un poquito el hueso y darle una forma más parecida a una mandíbula del adulto.
Pero lo importante es que haya ahí hueso sobre el que podamos trabajar". En ese sentido, indicó que la intervención más inmediata será poner sobre este hueso de peroné que es ahora la mandíbula una dentadura provisional sobre implantes de titanio hechos en el hueso, pues "si no ponemos dientes el labio se hundirá. La dentadura definitiva habrá que hacerla cuando acabe el crecimiento, hacia los 18 años", emplazó

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