A pesar de los numerosos convenios y tratados internacionales firmados al respecto, la esclavitud persiste en el mundo, incluso en los países más avanzados, aunque bajo formas contemporáneas. Siwa-Akofa Siliadin, una togolesa de 27 años más conocida como Henriette, es citada en Francia como ejemplo de «esclavitud moderna» en el ámbito doméstico. Su caso, el primero de este tipo que llega al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Con sólo 15 años y estando en situación ilegal, empezó a trabajar para Vincent y Yasmina Bardet, un rico matrimonio de París –Vincent es hijo de uno de los fundadores de la prestigiosa editorial Seuil. Según Henriette, durante los cinco años que sirvió a los Bardet tuvo que trabajar todos los días y dormir en un colchón en el suelo; la encerraban cuando salían, no tenía acceso a ver la tele ni derecho a hablar con las visitas.
El matrimonio, que fue condenado en primera instancia y obligado a indemnizar a Henriette, lo niega todo y sostiene que le habían preparado una «hucha» y que la consideraban «un miembro más de la familia».
La Corte de Estrasburgo, que admitió a trámite su caso al plantear «serias cuestiones de derecho», deberá estudiar si la legislación francesa garantiza una «protección efectiva» contra el «servilismo» y el «trabajo forzado y obligatorio» o si incumple el Convenio Europeo de Derechos Humanos. El dictamen tardará al menos seis meses.
1926: primera convención
La primera convención internacional contra la esclavitud fue data de 1926. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1948, prohíbe, asimismo, la esclavitud y el servilismo en todas sus formas.
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