Los linfomas cuentan con más de 30 subtipos, aunque generalmente se clasifican entre los de Hodgkin, con presencia de células con el nombre del médico que la descubrió, y los de no-Hodgkin, con predominio de células neoplásicas.
El resultado es la aparición de un tumor sólido que puede acabar extendiéndose a otros órganos.
A pesar de su variedad, la mayoría comparte una serie de síntomas comunes, como la inflamación indolora de los nodos linfáticos o ganglios, así como fatiga y fiebre.
Sin embargo, la señal de alarma para acudir a la consulta médica consiste en el aumento de los ganglios en zonas muy localizadas, como las axilas, el cuello, las ingles o la región supraclavicular.
Las encuestas demuestran que sólo el 16% de los españoles saben lo que es un linfoma y que, de ellos, la mayoría piensa que es incurable. Pero la ciencia ha logrado que el 90% de los casos más habituales (no-Hodgkin) se puedan curar.
Afectados: Cada año aparecen entre 5.000 y 6.000 nuevos pacientes.
Patología. Se trata de un grupo de cánceres que afectan al sistema linfático. Aparecen
por la multiplicación descontrolada de células.
Ayuda: Asociación Española de Afectados por Linfomas (AEAL). Tel. 901 220 110.
Vista al presente...
Begoña Barragán, Presidenta Asoc. Española de Afectados por Linfomas. 
Hace cinco años que me diagnosticaron linfoma no Hodgkin folicular, una de las variantes de difícil curación. Además de sentirme mal, me planteé muchas cosas, sobre todo a qué me enfrentaba. Necesitas tiempo para asimilarlo y eres muy vulnerable a la información que te llega. Empecé a informarme y hoy sigo estudiando. Por la mañana estoy en el negocio familiar y por la tarde en la asociación. Ahora estoy en remisión completa; es decir, que la enfermedad no es visible con pruebas diagnósticas. Tengo esperanza en que las investigaciones encuentren soluciones en un futuro.
... Mirada al futuro
J. Francisco Tomás, Jefe de Hematología Centro Oncológico MD Anderson. 
Lo más importante para combatir el linfoma es hacer un diagnóstico de los tejidos orgánicos para establecer un tratamiento personalizado. En la actualidad disponemos de un gran avance para localizar el tumor y saber si se ha extendido: el PET (tomografía por emisión de positrones). El mayor avance del último decenio en el tratamiento del linfoma ha sido la inmunoterapia, basada en una nueva generación de fármacos que atacan alguna de las defensas del tumor y, además, provocan menos efectos secundarios. Estos fármacos complementan la radioterapia y la quimioterapia, pero no las sustituyen porque siguen siendo básicas frente al linfoma. Se han logrado mejorar las tasas de curación y duración de los intervalos sin presencia de la enfermedad. El futuro pasa por conocer mejor el mecanismo que altera la célula tumoral para diseñar tratamientos mucho más dirigidos a frenar el inicio de la enfermedad.


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