El nivel de ozono en el Polo Sur se redujo en 2006 en una cantidad de 40 millones de toneladas, lo que supera incluso la cifra récord de 2000, cuando se perdieron 39 millones de toneladas, según mediciones del satélite Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA).
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Este año, el agujero de ozono polar mide 28 millones de metros cuadrados, con lo que sus dimensiones son casi como las de 2000, que fueron récord.
Según las mediciones de la ESA a día de hoy, la profundidad del agujero es de unas 100 Unidades Dobson (grosor de la capa de ozono en una columna directamente sobre el lugar que se va a medir) y los niveles de ozono son como los de 1998, los menores hasta el momento.
Este año "la pérdida extrema" de ozono polar puede deberse a las temperaturas en la Antártida, que han sido las más bajas desde 1979, según los expertos.
"Pérdidas tan significativas de ozono requieren temperaturas muy bajas en la estratosfera combinadas con rayos del Sol", añaden.
Cuando llega la primavera polar, el retorno de los rayos solares junto con la presencia de nubes estratosféricas provoca la aparición de moléculas de clorina individuales, con el potencial de romper miles de moléculas de ozono.
El ozono es una capa protectora en la atmósfera que actúa como filtro de las radiaciones solares en la Tierra frente a los rayos ultravioletas.
En la pasada década, el nivel de ozono en la atmósfera del planeta ha disminuido un 0,3%, aumentando el riesgo de padecer cáncer de piel, de cataratas e incrementando el daño a la vida marina, añadió la ESA.
PREVISIONES
La OMM y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente señalaron en agosto que la capa protectora regresaría posiblemente a los niveles anteriores a 1980 en 2049 sobre la mayor parte de Europa, América del Norte, Asia, Australasia, América Latina y África. En la Antártida tardaría hasta 2065.
Los clorofluorocarbonos (CFC) que contienen cloro y bromo han sido culpados del adelgazamiento de la capa de ozono porque atacan sus moléculas haciendo que se desintegren.
Muchos CFC utilizados en actividades de refrigeración, uso de aire acondicionado y limpieza industrial, fueron prohibidos en la Convención de Viena de 1985 y en el Protocolo de Montreal de 1987.
Pese a esto, los CFC aún no han desaparecido de la atmósfera, aseguró la ESA.*.


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