Tras llegar tarde al juicio el lunes, cuando el artista arribó a la audiencia moviéndose a duras penas y medio sedado, e incluso se llevó un pañuelo a la boca como si fuera a vomitar y lloró en la sala, el cantante parecía el martes algo más recuperado.
Jackson, de 46 años, llegó puntual al pequeño tribunal de Santa María, vestido con un traje oscuro y una camisa color vino después de que sus ayudantes le protegieron con unos grandes paraguas negros, no del sol, como en ocasiones anteriores, sino de la lluvia que cae en todo el estado de California.
No obstante, la fragilidad de Jackson -quien cuando fue arrestado dos años atrás pesaba 54 kilos para sus 180 centímetros de altura- hace presagiar cualquier cosa, sobre todo en un juicio de este calibre, que podría durar meses y costarle hasta veinte años de cárcel.
A su escaso peso hay que sumar los ataques de pánico, dolores de espalda o las náuseas que parecen acechar al cantante en tiempos de estrés y particularmente a la hora de sentarse frente a los jueces, cuando le sobrevienen todo tipo de incidentes.
En 2002, al cantante le picó una araña en su rancho Neverland y llegó cuatro horas tarde a un tribunal donde se juzgaba un asunto relacionado con un contrato. Un año después, Jackson fue ingresado en un hospital justo cuando tenía que declarar en un caso de derechos de propiedad intelectual que se ventilaba en Indianápolis.
Se pone muy nervioso en las declaraciones juradas. No le gustan los juicios
"Se pone muy nervioso en las declaraciones juradas. No le gustan los juicios", dijo al diario Los Angeles Times Brian Oxman, quien fue su abogado en Indianápolis y forma ahora parte del equipo que lo defiende.
Jackson se ha sometido a varias operaciones de cirugía estética (dos, según el cantante; muchas más, según algunos), ha estado hospitalizado repetidamente por ataques de pánico y durante un tiempo añadió una mascarilla quirúrgica y un guante a su ya de por sí exótica indumentaria.
Con este historial no es de extrañar que le sobreviniese una repentina gripe que estuvo a punto de costarle la revocación de su libertad condicional (que el juez le concedió bajo fianza de tres millones de dólares), o que llegase al tribunal en pijama.
Y así, los próximos días, en los que la fiscalía concluirá la presentación de su caso, podrían deparar nuevas sorpresas. La próxima podría llegar a principios de la semana que viene, cuando se espera que el juez decida si admite como prueba los supuestos abusos sexuales anteriores del cantante sobre otros menores.
Estas acusaciones nunca se probaron ni llegaron a juicio, ya que Jackson supuestamente firmó un acuerdo millonario con la familia del menor implicado.
El testigo de la acusación Anthony Urquiza, un psicólogo infantil, dijo el lunes que los niños a menudo retrasan la hora de contar lo ocurrido en casos de abusos, y señaló que los que sufren asaltos por parte de hombres son más reticentes a contarlo, ya que tienen miedo a que se les tache de homosexuales.
Urquiza dijo que solamente entre un 2 y un 6% de las acusaciones por abusos terminan siendo falsas. La fiscalía, que acusó a Jackson de servir vino en latas de refrescos en un viaje en un avión privado, también llamó a declarar a la azafata Lauren Wallace.
Wallace dijo que sirvió a Jackson vino en latas y que también escondió pequeñas botellas de alcohol en los lavabos del avión.
El cantante está acusado de diez cargos, entre ellos cuatro de abuso sexual en 2003 a un menor que ahora tiene 15 años, en su rancho Neverland.


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