La identifica uno de los formatos habituales en la difusión de historietas: el álbum, que popularizó Tintín, aunque adquirió sus hechuras de hoy -las cuarenta y tantas páginas a color, encuadernadas en cartoné- con series posteriores: Astérix, Blueberry y demás.
Toda una escuela para lectores que ya son papás y que siguen comprando álbumes para sus hijos. Bueno, aprovechando que sus hijos...
Pues resulta que la BD está en crisis. No lo digo yo, lo dice Uderzo, que aún dibuja Astérix.
En el último álbum de la serie, El cielo se nos cae encima, enfrentó a sus indomables galos con una invasión de alienígenas, a los que dio trazas de personajes del cómic yanqui y, sobre todo, del manga japonés.
La obra, que se vende pese a colectar críticas despiadadas, refleja un miedo extendido en el mundillo de la historieta occidental: el manga nos invade. Ni la poción mágica del druida Panoramix podrá detenerlo.
El pasado año, en Francia, que copa el 85% del mercado de la BD francófona, las ventas de títulos nacionales bajaron y aumentaron las de los mangas, que ocupan ya un tercio del mercado.
Marea la distancia con respecto a las tiradas de dos mil ejemplares habituales en la Península.
Inconformistas en acción
La crísis, aunque ahora resulte patente, viene de lejos. Una de sus causas quizá sea el éxito mismo de la BD, producto de masas que desde hace décadas ha constituido convenciones narrativas tan sólidas como el formato del álbum, con géneros muy codificados y tópicos gráficos.
François Schuiten y Benoît Peeters, dos autores de renombre, lamentaron hace ya diez años que la fantasía fuese el género dominante y que los nuevos autores se vieran de inmediato obligados a dibujar perfectamente, a fantasear con coherencia mundos enteros y a constituir una serie.
Unidos por la amistad, fundaron L'Association, editorial emblema de esa actitud, ejemplo y acicate para muchas otras tentativas de cuestionar modos y maneras tradicionales.
Los de L'Association no han sido los primeros ni los únicos en contestar al modelo de historieta dominante. Antes que ellos, la editorial Futurópolis, hoy renacida, propuso otras posibilidades a los autores.
Pero han dado forma a una BD alternativa en contenido, tratamiento gráfico y formato.
Aprendida la lección del cómic independiente yanqui y teniendo presente el ejemplo de algunos francotiradores, como Edmond Baudoin (Niza, 1942) o Baru (Thil, 1947), proponen historias personales, indiferentes a moldes genéricos o que se los toman a broma; han impuesto, frente a preciosismos y preciosidades, el dibujo suelto y descuidado del que 'no sabe dibujar'; ofrecen al lector obras de extensión variada en tamaños de edición inusuales.

Baru, por su parte, afirma que sus historias nacen siempre de «una emoción, es decir, una reacción ante una situación o un suceso sobre los que quiero llamar la atención».
Etienne Davodeau (Anjou, 1965), premiado en el Festival de Angoulême el pasado mes de enero, firmaría la frase. Para los nuevos autores, la memoria o el sentimiento personal son el recurso temático fundamental, aunque lo desenvuelven de modos bien diversos.
Frederik Peeters (Ginebra, 1974) dibujó su historia de amor en Píldoras azules pero, incluso en la ciencia ficción de Lupus, aspira al relato «con vísceras», avivado por la espontaneidad de lo sentido.
David B (Nîmes, 1959), que lo mismo cuenta historias de familia marcadas por la epilepsia de un hermano que sueños, explica que no pretende contar su vida, sino recomponer «una especie de mitología familiar» que conformó su imaginario.
No hace falta apelar, pues, al relato estrictamente autobiográfico de Fabrice Neaud (La Rochelle, 1968) para volcarse en las viñetas.
Un poco de alegría
Ese contenido más personal reclama un dibujo en consonancia. La BD alternativa es el paraíso de la línea suelta, del dibujo espontáneo, del trazo desenvuelto, cuando no desmañado, pero, por lo mismo, expresivo y vital.
Lewis Trondheim (Fontainebleau, 1964) es, quizá más que nadie, el modelo de ese dibujo desentendido de la perfección, fiel al antojo del dibujante.
Sus monigotes elementales le permiten además, como a varios de sus compañeros, crear con fertilidad de maniaco compulsivo una obra que crece y se multiplica día a día.
El formato editorial es el tercer terreno en el que la nueva BD ha saboteado las convenciones.
Las editoriales independientes (L'Association, Ego Comme X, Atrabile y otras) prefieren el formato libro, de menor tamaño que el álbum y número de páginas variable, el blanco y negro o el bitono, y la encuadernación rústica, y no sólo por razones económicas.
Tal formato da a los autores libertad para desarrollar la historia con la extensión que ésta pide y no con la que determina de antemano cualquier molde editorial.
Fenómeno contagioso
Esta colección de rebeldías ha dado lugar a una explosión de creatividad inusitada, que en pocos años ha recuperado a marginales como Baudoin o Baru y ha puesto en primera línea de la BD a Trondheim, David B, Dupuy (Normandie, 1960) y Berberian, Sfar (Niza, 1971), Guibert (París, 1964) o Blain (Argenteuil, 1970).

El éxito de esta cuadrilla ha conmovido los cimientos de la BD, de modo que las grandes editoras crean nuevas colecciones para acoger sus obras. Y el éxito les acompaña también en su uso descarado y jocoso del formato tradicional.
Ahí está la tentacular serie La mazmorra, en la que Trondheim y Sfar parodian clichés de género, los del fantástico, el histórico o el de terror; ahí las series de vampiros y misterio de Sfar, ahí el Monsieur Jean, de Dupuy y Berberian, o Isaac el pirata, de Blain.
Pero la nueva BD sigue proponiendo sus títulos más interesantes en ese margen de los libros de historietas en blanco y negro y las tiradas cortas.
Su formato preferido ya interesa hasta a solemnes editoriales generalistas, pero lo utilizan sobre todo los pequeños sellos independientes, francófonos o no. Y es que el ejemplo se extiende a los de países vecinos.
Han traducido o han participado en coediciones sin fronteras de libros de los autores citados, u otros de similar actitud creativa, Sins Entido, Astiberri, Ponent Mon o Glénat.
También aquí hay autores que desde hace un tiempo conciben obras siguiendo las mismas pautas. Son Luis Durán, Santiago Valenzuela, Ángel de la Calle, Fermín Solís, Javier de Isusi, Jali, etcétera.
No parece que la estampida de la nueva BD vaya a detenerse por ahora. Uno diría, muy al contrario, que dicha fiebre de dibujantes de mal asiento se contagia con facilidad.
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