Hasta principios del siglo xix, la sepultura que recibían los protestantes en nuestro país se reducía a un hoyo en la playa o a un espacio indeterminado en el fondo del mar.
Esta costumbre, que horrorizaba al cónsul británico de la época, William Mark, desembocó en la construcción, por Real Orden de Fernando VII en 1830, del que sería el primer cementerio inglés de España.
Su hijo, que le sucedió al frente del Consulado, mandó edificar dos templos ornamentales en la zona central del cementerio, uno de estilo dórico y otro gótico, que han servido como casa del guarda y su familia.
Cuarenta años después, instaurada la libertad de culto, el templo se convirtió en capellanía, y en 1891 pasó a ser la actual iglesia de San Jorge. Tras casi dos siglos de existencia, el campo santo anglicano, enclavado en el primer número de la avenida Príes, se ha convertido en un lugar de referencia para familiares, creyentes, turistas y estudiosos.
Uno de los primeros personajes que recibió sepultura fue Robert Boyd, fusilado junto al general Torrijos por el levantamiento liberal de 1831. Tras él, personalidades como Gerald Brenan o Jorge Guillén le han otorgado lustre a un cementerio que alberga en sus entrañas al médico Joseph Noble, en cuya memoria se fundó el hospital que por entonces atendía a los pescadores y marineros de la capital.


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