En un futuro no muy lejano, tal vez en menos de una década, todos podremos participar en "experiencias multisensoriales de sexo virtual", según Julia Heiman, directora del Kinsey Institute for Research in Sex, Gender and Reproduction de la Universidad de Indiana, Bloomington.
En esas experiencias, asegura Heiman, podrían participar compañeros artificiales de un tamaño y con unas cualidades definidas, que se relacionarían con su dueño de carne y hueso y al que podrían hacerle y decirle determinadas cosas.
Como se señala en el artículo, existe todo un campo nuevo, llamado "teledildonics" ("dildo" significa consolador en inglés), que ya permite a dos personas que se encuentran en lugares distintos manipular instrumentos electrónicos tales como un vibrador con fines sexuales.
La gente que lo utiliza se queda "alucinada", asegura Steve Rhodes, presidente de Sinulate Entertainment , que ha vendido miles de aparatos de este tipo durante los últimos tres años.
¿Adiós al sexo real?
Sin embargo, aunque se espera mucho de estos adelantos (el propio Rhodes confiesa que se hinchó a vender productos con motivo de la guerra de Irak), nadie espera que la tecnología reemplace el componente humano, tan sólo que lo facilite.
Los Nexus, los replicantes a los que daban vida Daryl Hannah y Sean Young en Blade Runner, y que podían ser indistinguibles de las personas, quedan por tanto todavía lejos.
Pero, como indica el artículo, la imaginación de los desarrolladores (o de los usuarios) no tiene límite, y entre otras cosas se trabaja en productos que mezclan contenidos de vídeo de alta calidad con sensaciones táctiles reales.
En este sentido, la compañía XStream3D Multimedia tiene un juego, "Virtually Jenna ", en el que el jugador puede practicar sexo de forma realista con la estrella del porno Jenna Jameson, y que permite conectar diversos aparatos al cuerpo para incrementar la sensación de que uno se está dando verdaderamente al fornicio.
¿Y al sexo inseguro?
Más curiosas aún son las teorías que sostienen que pronto podremos fabricar aparatos que estimulen el cerebro, una especie de evolucionados "orgasmatrones", para recrear experiencias sexuales sin tener que utilizar los órganos que tenemos especialmente habilitados para ello.
Marvin Minsky, investigador emérito del MIT, asegura que podrán verse productos de este tipo en un plazo de entre 20 y 30 años, menos aún si las empresas se ponen a desarrollarlos en países que les impongan pocas restricciones.
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