La estación está llena de vida, llena de gente dispuesta a comenzar el día, incluso más temprano de lo habitual. No es difícil adivinar en qué piensan. 11 de marzo, trenes que parten de Alcalá. 191 muertos y más de 1.200 heridos. Mi madre, mi hermano, mi primo, mi amigo, mi vecino, el hermano de mi amigo.
Un año. Alcalá, 27 muertos. La vida sigue. Hay que ir a estudiar, a trabajar, hay que coger el tren y superar el miedo -algunos confiesan sentirlo, sobre todo hoy, por eso han decidido adelantar un poco el viaje-. Hay que hacerse fuertes y mostrarse firmes ante el terror -por eso muchos otros deciden coger el tren, incluso hoy, a la misma hora- para demostrar que nadie puede trastocar sus vidas cotidianas.
Ya en las vías el ambiente no es el habitual, todo esta mucho más animado que otras veces. Decenas de cámaras, micrófonos y grabadoras tratan de atrapar palabras de los usuarios del tren. Par con par. No hay muchas reticencias pero también hay gente que mira con desdén y coraje "este montaje mediático", dice un señor airado.
Va llegando la hora y un grupo muy numeroso de gente sube al tren de las 7.02 dirección a Atocha. Las cámaras también suben al tren y empieza la 'caza' de las declaraciones. El tren no arranca. Una voz anuncia que está fuera de servicio y el tumulto se traslada a otro tren, que aún está más lleno.
En los trenes de hora punta que parten de Alcalá de Henares hay capacidad para unas 3.400 personas, 1.328 sentadas. Al salir de la estación de la ciudad complutense en torno a la mitad de los asientos están llenos. Al llegar a Atocha hay mucha gente de pié en los pasillos, hoy colapsados por los medios de comunicación.
El tren recorre las estaciones de la línea: Torrejón, 14 muertos; San Fernando, 8 muertos, Coslada, 21 muertos... La zona este de Madrid fue una de las más golpeadas por el atentado del 11-M, pero según fuentes de Renfe el número de viajeros se ha incrementado en más de un 2% en el último año.
Tal vez en el último año sí, pero mucha gente que va subida hoy al tren confiesa que pasó semanas sin poder hacerlo después del brutal golpe que sufrió toda la sociedad española. A día de hoy, todavía "da cosa, porque lo que pasó está ahí y hay que recordarlo. No podemos olvidar, aunque haya que seguir adelante", dice Antonio.
Vicálvaro, Santa Eugenia, El Pozo.. en esta estación un grupo de representantes políticos -reconozco a Inés Sabanés- guarda silencio al llegar el tren. Asamblea de Madrid-Entrevías. El tren pasa por la calle Téllez, donde un grupo de personas se concentran en silencio al paso de los trenes con velas en las manos.
La megafonía anuncia segundos después que este tren ha llegado a Atocha. Son las 8 menos cuarto, más o menos, y como cada día, menos aquel fatídico 11-M, el ritual se repite. Centenares de personas bajan del tren para continuar sus vidas, un día más, un 11 de marzo más.
Los andenes de Atocha están plagados de guardias de seguridad. En el tren procedente de Alcalá hay un guardia apostado en cada puerta de entrada. ¿Para evitar masificaciones, como otros días?. La estación está más vacía de lo habitual. Arriba, en el 'Espacio de palabras' ya hay 59.290 manos registradas -hace 10 días eran 58.057-.
Un grupo de personas miran hacia ese espacio y callan. Los trenes siguen entrando y saliendo en las vías. Es la vida que continúa, por suerte. En el aire, esta viajera escucha las palabras de Florentina, madre de una de las fallecidas hace un año: "Dejarnos vencer por el dolor es optativo, pero yo creo que es necesario que levantemos la vista y caminemos hacia adelante, pensando en los que se fueron...". Así sea.

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