La noche del lunes, sobre las 22.00 horas, un estruendo interrumpió el discurrir cotidiano del número 54 de la Carretera al Campo de Golf, en Guadalmar. «Otra vez», exclamó Antonio.
El ruido había sido más estrepitoso que los habituales acelerones, frenazos y salidas de vía de los coches que circulan por esa calle como si se tratara de una autovía.
Esta vez, los quitamiedos que el Ayuntamiento instaló frente a la casa de Antonio atraparon al bólido sin dañar la vivienda. «Pero ahora los hierros están destrozados y no servirán de nada cuando se estrelle otro coche: romperá mi cerca y entrará en mi casa», explica Uceda.
El Consistorio elevó ayer hasta los 30 cm la isleta cercana a la casa de este vecino. «Esto va a servir de poco. Deberían subirla un metro y pintarla con reflectante, o los que corren seguirán sin verla. Lo definitivo será cuando pongan las bandas sonoras».



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