'Call of Duty: Black Ops 4 | Blackout'
Escena del videojuego 'Call of Duty: Black Ops 4 | Blackout'. Activision

Es un clásico de las controversias y una media verdad para muchos. Los videojuegos generan violencia. O no. Desde hace años, la cuestión ocupa a los expertos y, a veces, a los gobiernos (ahí está el empeño de Donald Trump en EE UU).

Así, en el repaso a los titulares de los últimos 10 años, uno puede leer desde que "Los videojuegos violentos y las agresiones activan la misma parte del cerebro" a que "Los jugadores de videojuegos violentos no confunden ficción con realidad", pasando porque "Los juegos violentos relajan a los jugadores".

Lo último al respecto es un estudio de las universidades de Oxford y Cardiff que descarta que haya relación alguna entre la violencia adolescente y los videojuegos. Los autores, que consideran que los efectos negativos del videojuego se han exagerado, consideran que los adolescentes que juegan videojuegos violentos no son más propensos a un comportamiento agresivo en el mundo real.

Publicado en la revista Royal Society Open Science, ha sido uno de los estudios más completos hasta la fecha, con una muestra de 1.000 chavales británicos, de 14 y 15 años. Se les preguntó sobre sus hábitos de ocio y resultó que casi la mitad de las niñas y dos tercios de los niños jugaban videojuegos.

También entrevistaron a sus padres para saber si pensaban que su hijo se había vuelto más antisocial desde que disfrutaba de los videojuegos. Y no, no se encontró evidencia de que los que más jugaban fueran más agresivos una vez que apagaban la consola.

Algo de rabia al jugar, pero nada preocupante

"La idea de que los videojuegos violentos provocan agresividad en el mundo real es muy popular, pero no se ha probado", dice el investigador principal, el profesor Andrew Przybylski, director de investigación del Oxford Internet Institute. Y añade: "Pese al interés en el tema por parte de los padres y de los responsables políticos, la investigación no ha demostrado que haya motivo de preocupación".

¿Qué es lo que sí hallaron los investigadores? Przybylski cuenta que observaron que los videojuegos podían provocar arrebatos de ira y rabia mientras los chavales jugaban en línea. "Vimos algunas cosas, como que hablarán mal, una competitividad extrema o algún troleo en los grupos de jugadores que podríamos calificar como comportamiento antisocial", explica.

Los autores de este estudio critican que las investigaciones anteriores se han basado demasiado en la información aportada por los propios adolescentes sobre los títulos que jugaban y su comportamiento. Ellos han considerado también a los padres y los sistemas de calificación de la violencia de los juegos (en su caso en Reino Unido y EE UU).

De ese modo, aseguran, han podido minimizar el riesgo de seleccionar datos que pudieran dar un resultado más emocionante pero menos cierto. En palabas de la coautora, Netta Weinstein, de la Universidad de Cardiff, "el sesgo de los investigadores podrían haber influido en los estudios previos sobre este tema y, de ese modo, haber distorsionado nuestra comprensión de los efectos de los videojuegos".