Corría el año 1999 y Super Mario, probablemente el personaje más conocido de la historia de los videojuegos, ya había demostrado que era un tipo polifacético. Presentado como un fontanero italiano, en realidad se le había visto hacer de todo menos arreglar cañerías.

Por aquel entonces, Mario ya jugaba al golf, conducía karts, pintaba, administraba píldoras cual doctor, montaba fiestas de minijuegos y, por supuesto, recorría a brincos infinidad de mundos de fantasía para salvar a la princesa Peach de las garras de Bowser.

Sin embargo, Nintendo tenía una nueva idea, quería convertir al bigotudo en un experto luchador, pero pasando el género de los combates por el tamiz familiar característico de la compañía. De este modo, aunque el popular personaje peleaba a base de puñetazos, patadas y bolas de fuego, el objetivo no era acabar con la vida del rival sino aumentar su nivel de daño hasta que fuese lo suficientemente vulnerable como para sacarlo del escenario de un mamporro.

Así nació Super Smash Bros., un juego de lucha en dos dimensiones que permitía cuatro jugadores simultáneos y que tenía su mayor atractivo en el hecho de que Mario no era la única gran estrella del espectáculo.

Nintendo quería convertir este título en un All Stars, en un épico enfrentamiento entre los héroes más icónicos de su historia: Link, el protagonista de la saga The Legend of Zelda; la cazarrecompensas interestelar de Metroid Samus Aran; el enorme Donkey Kong; el pokémon Pikachu... y Kirby, la glotona bolita rosa creada por Masahiro Sakurai, quien era precisamente el máximo responsable de esta nueva franquicia.

Lejos de quedarse en una curiosidad, un pequeño y puntual regalo para los fans de Nintendo, este crossover se convirtió en un juego de culto que fue creciendo, con una versión mejorada, en cada nueva consola de la compañía. Cada entrega llegaba con más escenarios, melodías, objetos y personajes, y no solo de la Gran N, también de otras emblemáticas desarrolladoras.

Eso hizo posible el esperado enfrentamiento entre Super Mario y Sonic, el erizo mascota de Sega, antaño empresa rival de Nintendo. Otros personajes invitados fueron Solid Snake (el protagonista de Metal Gear Solid), Pac-Man, Mega Man, Cloud (héroe de Final Fantasy VII), Ryu (luchador de Street Fighter) y Bayonetta.

Ahora, la consola Nintendo Switch acaba de recibir la versión definitiva de este peculiar juego de lucha, Super Smash Bros. Ultimate, que reúne prácticamente la totalidad de los contenidos de las entregas anteriores y les añade sorprendentes modos de juego y nuevos escenarios, melodías y personajes como Ken (también de Street Fighter) y Simon y Richter Belmont (los cazavampiros de la saga Castlevania).

Las cifras son enormes: 900 temas musicales, 103 escenarios y 75 personajes más cinco más de cada que llegarán a lo largo de los próximos meses como contenido descargable. Esto, unido a las grandes expectativas que había generado el juego a lo largo del último año, logró que Nintendo vendiese 5 millones de unidades en solo tres días (vio la luz el 7 de diciembre) y es previsible que sus primeras cifras oficiales sean de récord.

El nuevo objetivo de los fans es descubrir quiénes serán los luchadores que llegarán con cada DLC. El primero ya se conoce: será Joker, el protagonista del juego de rol japonés Persona 5. Todo hace pensar que los cuatro siguientes debutantes serán tan sorprendentes e inesperados como este último.