Cuenta la leyenda que, a mediados de los años 80, la compañía nipona Squaresoft atravesaba una complicada situación financiera y que el videojuego Final Fantasy, para la consola NES, fue su última bala antes de caer en bancarrota. Milagrosamente, el juego fue un éxito tal que salvó la empresa e inició una de las franquicias más icónicas y rentables de las últimas décadas.

Lo cierto es que, si bien todo lo referente a la situación económica de la empresa es cierto, el título fue en realidad el último esfuerzo del entonces joven creador Hironobu Sakaguchi por permanecer en la industria del videojuego. Si su Final Fantasy hubiera fracasado, el japonés habría abandonado el negocio.

Pero su apuesta dio en el clavo. Como contador de historias –e inspirado por éxitos de la época como The Legend of Zelda, Ultima, Dragon Quest y los juegos de mesa de Dungeons & Dragons–, Sakaguchi optó por construir una aventura con gran peso narrativo y ambientación de fantasía medieval. Lo importante no era la acción sino los diálogos, la exploración y la estrategia en las batallas por turnos.

Así nació uno de los grandes referentes del género RPG (juegos de rol). Dos títulos más para la consola de 8 bits de Nintendo consolidaron la apuesta. Los tres siguientes, para Super Nintendo, convirtieron la saga en objeto de culto, especialmente Final Fantasy VI (1994). Y, finalmente, Final Fantasy VII (1997) para PlayStation disparó la popularidad de la franquicia a nivel mundial.

A partir de ese momento, las consolas de Sony se convirtieron en el hogar de la saga y fueron acumulando éxito tras éxito... hasta 2002, cuando Square decidió arriesgar haciendo de Final Fantasy XI un juego multijugador masivo online. Pese a los reconocimientos que obtuvo, las expectativas de los fans –que iban en otra dirección– y el estado del juego en línea en aquel entonces, muy lejos de lo que es a día de hoy, limitaron su éxito (que ciertamente aumentó con los años).

No fue hasta 2010 cuando la compañía volvió a intentarlo con ese mismo modelo. Fue con Final Fantasy XIV. ¿El resultado? Un desastre. Tanto la crítica como los jugadores fueron inmisericordes con el juego. Pero Square Enix (rebautizada así tras fusionarse con la empresa rival en 2003) no tiró la toalla: en 2013 lanzaron FF XIV: A Realm Reborn, una revisión que cambiaba radicalmente la aventura original.

¡Y acertaron! Las tornas cambiaron y el mágico mundo de Eorzea comenzó a crecer, tanto en contenido como en suscriptores. De hecho, el anuncio de la tercera expansión del juego, Shadowbringers, revelado recientemente en un evento fan en Las Vegas, fue una locura, con cientos de jugadores emocionados –muchos de ellos luciendo sus elaborados cosplays– que gritaban, aplaudían y manifestaban su asombro con cada novedad.

De este modo, ocho años después de su lanzamiento y dos desde que se lanzase Final Fantasy XV, la penúltima entrega de la saga sigue levantando pasiones entre más de 14 millones de jugadores, cifra récord hasta la que se ha llegado mediante una progresiva escalada mientras otros MMORPG (videojuego de rol multijugador masivo en línea) tradicionalmente más populares como World of Warcraft han ido perdiendo fuelle.

Una vez más, Square ha demostrado que no hay final posible para la fantasía.