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Las desconocidas islas de la Toscana: pueblos históricos, calas escondidas y naturaleza salvaje

Isla de Elba.
Isla de Elba.
zakochana / iStock

Al pensar en la Toscana nos vienen a la mente idílicos paisajes de verdes campos de cultivo, pintorescos pueblos de calles laberínticas y un clima pacífico y armonioso. Y no nos equivocaríamos al evocar esa imagen de ensueño, pero existen muchas maneras de explorar esta bella región de Italia.

Una de ellas es haciendo un recorrido por sus preciosas islas, pequeños regalos de la naturaleza que emergen de las aguas del mar Tirreno. Elba, Capraia o Giglio son algunas de ellas. Calas escondidas, frondosos pinares y ricos fondos marinos es lo que nos ofrecen. Y es que estas joyas italianas son el escenario perfecto para hacer un viaje de esencia marinera y con infinitas opciones turísticas.

Elba, historia y naturaleza a partes iguales

La isla de Elba es la mayor del archipiélago toscano y el lugar donde debería empezar este maravilloso viaje. Tras un trayecto en ferry desde el puerto de Piombino, desembarcamos en la ciudad de Portoferrario, su capital, que recibe a los visitantes con los brazos abiertos y un sinfín de lugares interesantes para visitar. Su arquitectura está marcada por las construcciones de Forte Falcone, Forte Stella y Linguella, conectadas entre sí por altas murallas por las que podremos pasear. Sin olvidar, Fortezze Medicee, la fortaleza de la ciudad.

Portoferraio.
Portoferraio.
StevanZZ / iStock

Por otro lado, Villa dei Mulini y Villa San Martino son otros de los puntos imprescindibles en Elba. Ambas tienen en común haber acogido a Napoleón Bonaparte durante su exilio en la isla entre abril de 1814 y marzo de 1815. Habitaciones ornamentadas, obras de arte y cuidados jardines es lo que nos espera en estas casas convertidas en museo.

Y tras dedicar una jornada a adentrarse en la cultura e historia de Elba, es obligatorio pasar un día descubriendo la naturaleza de este mágico lugar. Y es que cuenta con “más de 200 playas, 147 kilómetros metros de costa, 400 kilómetros de senderos en las montañas y cuatro picos por encima de los 800 metros”, cuentan a 20minutos desde la Oficina de Turismo de Elba.

Playa Sansone.
Playa Sansone.
StevanZZ / iStock

De este modo, los más deportistas podrán optar por una ruta de que los lleve hasta lo más alto del Monte Capanne, a 1.019 del nivel del mar, y así admirar la isla en todo su esplendor. O bien probar con algún deporte acuático como windsurf, apnea, kayak, navegación en barco o pesca deportiva. Además, “para los buceadores y los amantes del esnórquel, hay un lugar que es una verdadera joya: Pomonte”, señalan. Aquí descansan en el fondo marino los restos de un carguero italiano hundido en 1972, completamente visible a solo 12 metros debajo de la superficie del mar.

Pero aquellos que busquen algo mucho más relajado, las paradisiacas playas de Elba brindan la paz y la calma que necesitan. Fetovia y su arena suave, La Biodola y su diversa vida marina o Sansone y sus altos acantilados son tan solo alguna de las opciones.

El paraíso en Capraia

El pueblo más pequeño de toda la Toscana se abre paso entre la frondosidad de la isla de Capraia. Esta pequeña población levantada a los pies de una fortaleza acoge a los únicos 200 habitantes que tienen la suerte de vivir en este paraíso en la tierra. El resto de mortales podremos llegar hasta el lugar con un trayecto en ferry de 2 horas y 45 minutos desde el puerto de Mediceo, en Livorno. Además. “Durante el verano hay algunas conexiones que permiten visitar la isla en un día desde Livorno, Elba y Córcega”, nos cuentan desde la Oficina de Turismo de Capraia.

Capraia.
Capraia.
VisitCapraia

En esta isla marcada por una vegetación de matorral mediterráneo y calas de belleza insuperable, el tiempo pasa más despacio. Aquí podremos disfrutar de una naturaleza virgen a nuestro ritmo, en un entorno remoto y aislado. “Para conocer la isla es recomendable permanecer entre cuatro y seis días, y así poder apreciar los numerosos paisajes extraordinarios y sumergirse por completo en una realidad muy diferente a la que estamos acostumbrados”, detallan.

Y para empezar, nada mejor que dar la vuelta a Capraia en barco para visitar Cala Rossa, una espectacular chimenea volcánica, y llegar a todas las otras calas de la isla que no son accesibles de otra manera. Incluso, “no es raro encontrarse con delfines durante las excursiones marítimas”, destacan, ya que este enclave se encuentra dentro de un Santuario de Cetáceos.

Cala Rossa y Vulcano dello Zenobito.
Cala Rossa y Vulcano dello Zenobito.
VisitCapraia

Asimismo, también podemos hacer diferentes rutas de senderismo por los caminos que recorren la isla y nos llevan hasta lugares como el Semáforo, un antiguo puesto de vigilancia de la Marina con unas vistas espectaculares, o el precioso lago de Stagnone.

El territorio salvaje de Giglio

Tan solo encontraremos tres pequeños pueblos en la isla de Giglio. El resto del territorio lo ocupa su exuberante naturaleza, donde las aguas cristalinas de los arenales contrastan con el matorral mediterráneo. Castello, Campese y Porto son esas poblaciones encargadas de enamorarnos, cada una con su personalidad única.

En el mar Tirreno, al suroeste de la provincia de Grosseto, la isla de Giglio, con su pintoresco puerto y sus fantásticas playas, es un lugar mágico. A 400 metros de altitud sobre el nivel del mar, rodeado de imponentes murallas, con torres circulares y rectangulares, este pueblo es un laberinto de calles, pasadizos con arcos y empinadas escaleras excavadas en la roca. La iglesia de San Pietro Apostolo guarda dos secretos: un crucifijo tallado en marfil y unas sensacionales vistas.
Giglio Castello
Fantomas70 / iStock

Y es que, por ejemplo, mientras que Castello destaca con su arquitectura medieval y su ambiente rural, Porto nos brinda el único puerto de la isla y un paisaje urbano de pintorescas casas de colores y el único puerto de la isla, donde desembarcaremos tras un trayecto de una hora desde Porto Santo Stefano.

Pero, claramente, adentrarnos en la naturaleza de este lugar salvaje es la mayor de las experiencias. El turquesa se combina a la perfección con el esmeralda en las aguas de las playas de Campese, en la costa noroeste, y Cannelle, Arenella y Caldan, en el este. Y en busca una atmósfera más calmada y de aislamiento con el resto del mundo, las pequeñas calas que salpican el litoral de la isla son la mejor opción.

Giglio.
Giglio.
Geo-K / iStock

Es precisamente este itinerario el que nos recomienda la Oficina de Turismo de Giglio para empezar nuestra visita a la isla: “por la mañana ir a la playa y por la tarde visitar los pueblos, y para moverse se puede alquilar un scooter o una ebike, o bien usar autobús o taxi”. Y para terminar el día, la cosa no hace más que mejorar. “Por la noche, cata de vinos y una cena en algún restaurante”, aconsejan.

Para una segunda jornada, recomiendan empezar temprano con un paseo en barco alrededor de la isla que nos descubra los secretos de Giglio: desde calas escondidas hasta las playas inaccesibles desde la tierra. En tan solo 2 horas podremos navegar alrededor de todo su litoral, eso sí, sumando alguna que otra parada para darnos un chapuzón en sus maravillosas aguas.

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